La historia registra, personajes poseedores de muchas habilidades y conocimientos, dignos de ser llamados genios, entonces se pueden mencionar a el inglés Isaac Newton que fue físico matemático, astrónomo, químico y teólogo, el francés René Descartes destacado por ser filósofo, físico, matemático, astrónomo y médico, o el brillante italiano Leonardo Da Vinci célebre por ser arquitecto, pintor, diseñador de máquinas, científico y anatomista.

Pero un hombre o persona completa es aquella que además lleva en su vida el sentido de cristiana santidad y servicio a los demás. Por eso en esta ocasión me referiré a San Beda llamado “el Venerable”.

San Beda, nació en Inglaterra en el año 672 y desde su infancia fue guiado por eruditos religiosos de algunos monasterios. También él luego sería el guía de grandes hombres como Rabáno arzobispo de Maguncia y Alcinio, tutor del famoso emperador Carlo Magno.
Fue notable teólogo, astrónomo, filósofo, biógrafo e historiador, y doctísimo en las lenguas latina y griega, pero lo más digno de admiración fue su gran humildad al punto de no despreciar las labores de ordeñar ovejas, cuidar otros semovientes, cultivar los huertos, atender la cocina conventual, la limpieza de las estancias, y no por eso descuidó las labores de evangelización, se dedicaba a escribir temas piadosos y a orar.

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De Beda se tienen más de cuarenta y cinco obras escritas, pero las más destacadas son Historia Eclesiástica de Inglaterra, Manual de Dialéctica, Comentarios a las Sagradas Escrituras y un Martirologio, y gracias a la gran riqueza dogmática de sus textos, el Magisterio de la Iglesia a través del papa León XIII con mucho honor lo declaró doctor de la Iglesia el 13 de noviembre de 1899.

También, la historia narra que el papa San Gregorio sabedor de su gran sabiduría lo llamó a prestar sus servicios de consejería en el seno del Vaticano, sin embargo Beda por su temperamento modesto rechazó el cargo. Escribió el historiador Baronio que este santo vivió 105 años, pero otros biógrafos han creído que vivió hasta los 63 años, y que en sus días postreros fue aquejado de una severa molestia respiratoria que le condujo entregar su alma a Dios, el 27 de mayo del 735.

Su afabilidad con los discípulos del monasterio lo llevó a darles con tesón las clases de canto sacro, aun en esos días de enfermedad.

Y es que el común denominador de la mayoría de los Santos y Religiosos bien lo describió el místico Tomás de Kempis: “!Oh!; ¡Cuan grande fue el fervor de todos los religiosos al principio de sus sagrados institutos! ¡Cuánta la devoción en la oración!, ¡Cuánto el celo de la virtud!, ¡Cuánta disciplina les floreció!: ¡Cuánta reverencia y obediencia a Dios en todas las cosas! Aun hasta hoy dan testimonio las obras que quedaron, de que fueron verdaderos santos y perfectos que peleando esforzadamente vencieron al mundo…”

Entonces, en el caso de San Beda, tan solo los breves rasgos o virtudes que ya se mencionaron, son suficientes para mirarlo como gran modelo de persona, que aprovechó el tiempo y su vida con intensidad, y se gastó y desgastó por el bien de las almas.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos