El “Santo-Uribismo” y la corrupción

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La DEA entregó grabaciones que comprometen a los exmagistrados de la Corte Suprema de Justicia, Leonidas Bustos, Francisco Ricaurte y Camilo Tarquino, con hechos de corrupción relacionados con el confeso corrupto exfiscal anticorrupción Gustavo Moreno.

Es un golpe mortal a lo poco de justicia que tenemos los colombianos, puesto que los dos primeros fueron presidentes de este tribunal; además, porque han sido muchos los exmagistrados y algunos en ejercicio, que están siendo procesados por postrar esa majestad ante saqueadores de todos los pelambres. Las versiones dicen que Bustos, Ricaurte y Tarquino habían arreglado los procesos contra los congresistas Musa Besaile, Hernán Andrade y Luis Alfredo Ramos. Y hablaron de “honorarios” cercanos a los $2.000 millones. Pero además, de una “tarifa” en la Corte, de entre $1.000 y $3.000 millones por cada caso. Sobre Andrade, presidente del Partido Conservador, dijeron que habría pagado para que saliera a su favor el proceso por el escándalo de CAJANAL, en el cual Moreno, el exfiscal preso, fue su abogado. En relación con Musa Besaile, para que le engavetaran su proceso por ‘parapolítica’, que empezó en el 2010 y aún no tiene sentencia. El audio obligó al fiscal Néstor Humberto Martínez –relacionado con la multinacional Odebrecht, expulsada de varios países, menos Colombia, por corrupta– a compulsar copias contra los políticos. A su vez, la Corte Suprema envió el proceso de los exmagistrados a la politizada Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes; con seguridad en esta última no sucederá nada.

El hecho deja muchas interpretaciones: la falta de eficiencia de la justicia, lo cual obedece a que es selectiva: se hace “la ciega, sorda y muda” para investigar a los potentados, mientras le cae con sevicia a “un roba gallina hambreado”, a trabajadores o pequeños propietarios, que protestan por mejores condiciones para vivir. La falta de imparcialidad ha conducido para que desde fuera nos enrostren la condición de país corrupto, puesto que las revelaciones sobre Odebrecht se descubrieron vía Brasil y Estados Unidos, y en este último se conoció el nuevo escándalo de “magistrados vendedores de sentencias”. ¡Qué miedo! ¿Qué colombiano está libre de que le monten “un Proceso” peor que el enjambre de Kafka? Mientras tanto han desangrado al Estado con casos como SaludCoop, InterBolsa, Reficar, Ecopetrol, por nombrar solo algunos, cuyos cabecillas gozan de casa por cárcel y todo tipo de privilegios.

Pero lo más grave es la procedencia de esta corrupción. El “santismo” –la mal llamada coalición de la Unidad Nacional– recibió dineros de Odebrecht desde la propia cabeza del presidente Santos para hacerse elegir y tiene infinidad de personajes enlodados sin que se conozca ni un pronunciamiento de sus partidos; pero igual sucede con el “uribismo”, cuyos principales secuaces pasan incólumes por los tribunales y cuando los tocan, se hacen los perseguidos políticos. La trampa está en que los grandes medios nos quieren imponer una ficha de cualquiera de esas dos concepciones como nuevo presidente. ¡Los mismos con las mismas! ¡Los colombianos debemos depurar la política que nos gobierna!

 José Arlex Arias Arias
José Arlex Arias Arias