Se rompe la princesa más observada del planeta

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Cuando Selena Gomez salió de rehabilitación en 2011 rompió con todo: abandonó la casa de su madre, despidió a su agente, cambió de compañía discográfica y se dejó con su novio, Justin Bieber. Era un volver a empezar. Borrón y cuenta nueva. Lo de antes no sirve, hay que construir algo nuevo. Tenía 19 años y no quería convertirse en una nueva adolescente devorada en las fauces de la glotona industria del pop superventas. Aquella vez ingresó aduciendo “agotamiento físico”. Cinco años después, Selena está de nuevo asfixiada. Acaba de cancelar su gira sin eufemismos: sufre agotamiento, ansiedad y ataques de pánico. Parte de este diagnóstico está causado por la quimioterapia a la que se somete para combatir la enfermedad crónica de lupus.

Conocemos la historia de memoria. Niñas explotadas por sus padres, obligadas a trabajar hasta la extenuación y sometidas por una imagen pública impoluta que un día cumplen 20 años, se dan cuenta de que alguien se ha fundido todo su dinero y se rebelan de la forma más grotesca.

El lupus genera un malestar y fatiga implacable, que en ocasiones impide al enfermo levantarse de la cama durante días. Aunque no sea por los motivos que le gustarían, la princesa pop Selena Gomez (Texas, 24 años) puede por fin descansar tras 13 años de trabajo continuo. Y bajarse temporalmente de un tren de vida que le aplasta.

Para desembocar en la actual situación de parón técnico, hay que analizar lo que ha vivido esta mujer desde los 11 años. A esa edad se trasladó a Los Ángeles con su madre, quien además se encargó de tutelar su educación escolar en casa. Desde entonces ha protagonizado dos series, ha aparecido en 15 más y ha rodado 21 películas. Además, ha lanzado dos perfumes y una línea de pintaúñas, ha fundado su propia productora, ha sido imagen de Pantene, Coca-Cola y ahora Louis Viutton. A los 17, se convirtió en la embajadora de UNICEF más joven de la historia para combatir contra la pobreza infantil. Con 18 años lanzó su primera línea de ropa, que ella promocionó como un estilo ponible y sostenible. En medio, giras, grabaciones de discos con la exigencia de que lleguen a lo más alto de las listas y ese noviazgo con Justin Bieber que, aunque se haya termina hace años, sigue vivo por las pullas, convirtiéndose en un circo suculento para el público ávido de intimidades pop.

Selena Gomez siempre ha estado muy unida a su madre, Mandy Teefey, que se quedó embarazada de la cantante cuando sólo tenía 16 años.
Selena Gomez se ha metamorfoseado de intrascendente pseudoestrella Disney a uno de los mayores iconos pop de nuestro tiempo. Y no han sido sus canciones, que quizá hayamos escuchado en el hilo musical del gimnasio sin saber que era ella; ni sus amagos de películas indies, que han espantado tanto a sus fans como a los cinéfilos. Lo que ha forjado el mito ha sido Instagram. Casi 100 millones de seguidores (va por 98,5) la convierten en el ser humano más observado del planeta. En el top cinco de fotos con más likes, tres son suyas, y una más es de Justin Bieber acompañado de… Selena Gomez. En el número 1 reina una imagen aparentemente sencilla que captura la esencia del fenómeno Selena: más guapa que nunca, con un pelo que no entiende de puntas abiertas, reposa una pajita sobre sus labios y una botella de coca-cola (marca para la que, recordemos, Gomez trabaja) con la letra de una canción de Selena en la etiqueta. “You’re the spark” (Tú eres la chispa). El texto que acompaña a la foto es igual de sencillo: “Cuando tu letra sale en la botella”.

La cantante viene de una familia muy humilde. Su madre la tuvo a los 16 años. Cuando Selena cumplió cinco años sus padres se divorciaron y ella se quedó a vivir con la madre. Esta alternó tres trabajos para poder mantenerla y contaba monedas con el objetivo de comprar una lata de espaguetis precocinados. Si no llegaban, no había cena. Selena Gomez es una actualización del “a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre”, pronunciada por Escarlata O’Hara, el mayor icono sureño del siglo XX. Selena tiene dos hermanastras pequeñas, una por parte del padre y otra de la madre.

La melancolía que adquirió en los tiempos duros de su infancia está en cada foto, en cada entrevista y en cada canción. El problema es que el mundo parece más preocupado por si utiliza suavizante o no. En una reciente entrevista para Elle, le hicieron ocho preguntas: tres sobre su pelo, tres sobre su entrenamiento físico y dos sobre sus tratamientos faciales. Y, por supuesto, nos preocupa muchísimo su Instagram. No sabíamos que “la estrella con más seguidores” o “la foto con más likes” eran récords hasta que ella los batió. Selena Gomez ha inventado Instagram tal y como lo conocemos.

Llegados a este punto, Selena corre el peligro de convertirse en una estatua a la que no van a dejar tener sentimientos. Su exnovio, Justin Bieber, ha sonado en todas partes con una canción, Sorry, en la que se disculpa por haberle sido infiel a ella. La canción de Selena,Good for you, fue criticada por varias asociaciones feministas por perpetuar un mensaje de “quiero estar guapa para mi chico”. Parece que todo lo que haga, diga o piense está expuesto, y es sensible de ser juzgado por millones de desconocidos. Gomez lamenta que su pasado resulte más fascinante para la gente que su futuro, insinuando que su vida es una batalla que debe librar sola. Ella prefiere desmitificar su vida de superestrella, y confiesa que de lo único que le sirvió cantar en un desfile de Victoria’s Secret fue para sentirse más bajita, o que cuando conoció al rapero P Diddy este le dio su ticket del aparcamiento creyendo que era una azafata.

Durante tres años, Justin Bieber y Selena Gomez llevaron sobre sus hombros la pesada carga de ser una de las parejas más mediáticas.

“La exnovia de Justin Bieber”, “la mejor amiga de Taylor Swift”, “la persona con más seguidores en Instagram” son en realidad cualidades fortuitas, estadísticas impersonales, no consecuencias de su talento. Es como si su propia vida le fuera ajena.

Ella es la líder de una manada, la de las estrellas 2.0, que nunca llegan a desaparecer del todo. Siempre están ahí, en Instagram, en alguna fiesta, o implicadas en alguna bronca por Twitter, y cuando sacan discos o estrenan películas, parece que ya se nos había olvidado que esa era la razón por la que se hicieron famosos en primer lugar. “Tienes dos extremos”,explicaba hace solo unos meses, “puedes sucumbir a la fama, disfrutarla y dejarte llevar por el subidón, o puedes alejarte al máximo porque no confías en nadie ni crees que esa fama sea auténtica”. Ante este retiro forzoso, parece que por el momento Selena Gomez ha elegido la segunda opción. Pero no cabe duda de que volverá, tarde o temprano. Ya sea por pura vocación o porque, simplemente, no conoce otra forma de vida.

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