Los días desfilan lentamente y durante el tiempo continúa su libre marcha la humanidad se invade de luto, pánico y preocupación universal, este 2020 con ruido planetario está marcando en cada uno, un antes y un después. Lo que inició como una leve enfermedad en la gigante China en diciembre del 2019 se ha convertido mundialmente en crisis sanitaria, económica e increíblemente estamos navegando por eminente desesperación acompañada del inexplicable dolor, nadie estaba preparado para vivir esta alarmante situación por la que hoy todos estamos enfrentando, esta oscuridad pronto desaparecerá, pero es indispensable que demostremos genuino amor, es tiempo para olvidarse del ego, es tiempo para alejarnos de la envidia e hipocresía y acercarnos a la incondicional solidaridad, vivimos momentos para meditar con noble honestidad.

Provoca abundante nostalgia al darnos cuenta de las miles de personas que están muriendo a causa de este maligno virus, así como se expande alrededor del mundo, también lo hace el miedo en cada uno de nosotros. Quienes tenemos el honor de haber llegado con respiración a esta “semana mayor” debemos sentirnos felizmente afortunados aunque estemos inundados de tristeza. Hoy todos estamos viviendo intensamente un mismo sentimiento, muchos empresarios; famosos, políticos, religiosos, profesionales, atletas etc, etc., se creían inmortales, esta pandemia ha ubicado a esos que perdidamente estaban equivocados, hoy comprendemos en silencio el profundo significado de la humanidad, antes de llegar esta epidemia el pensamiento y sentimiento del hombre estaban caminando ciegamente entre la tiniebla, quizás la más sincera explicación de este fenómeno es que estábamos viviendo sin sentido porque veníamos cultivando en máximo resplandor inagotable derroche de arrogancia.

Esperemos que desde este presente aprendamos a vivir como siempre deberíamos haber vivido, en verdadera solidaridad compartiendo amor sin importar su condición social, económica e intelectual. Con especial tono de cordialidad, hoy estamos saboreando el placer de respirar, todos estamos invitados a ignorar el rencor y ha concentrarnos con firmeza a practicar lealmente respeto y unidad, aprovechemos esta cuarentena para meditar, para aprender pero sobre todo aprendamos a vivir con distinguido valor esta valiosa e irrepetible oportunidad de existir. Que las lecciones que nos está indicando la índole sean enriquecedoras y que cuando tenga punto final esta tormenta todo sea ilimitadamente colorido en lo sublime de cada día vivido sobre la hermosísima faz de la Tierra.

Semana Santa sin derecho a la playa

Esta Semana Mayor de este año tiene un color inusual, ha hecho historia, historia no muy agradable, a inicios del año algunas parejas planearon que para estos días irían al extranjero a conocer esas paradisíacas playas de las que siempre sus amigos les hablaron, otros tenían en agenda visitar esa playa de su Patria que no habían tenido el privilegio de conocer, pero todos esos planes dejaron de respirar de igual manera algunos de sus protagonistas. Algo positivo que está dejando esta inolvidable fecha, es que; el mar, ríos y playas están disfrutando de cero contaminación, su cautivador paisaje sonríe con notoria belleza. En las carreteras se ha reducido el dolor y llanto que en años anteriores para estos días provocaban numerosos muertos por desmedida irresponsabilidad de algunas personas.

Para la mayoría de la población visitar el mar era fija tradición en muchos países, este año se han paralizado todos esos planes, nos hemos quedado sin derecho de asistir a esos lugares encantadores, hoy desde casa lo único que hacemos frecuentemente es reflexionar; tarde y mañana nos hacemos numerosas preguntas que no tienen respuestas, para mientras se calme la tempestad, sigamos en casa, sigamos aprendiendo, leyendo esos libros que por falta de tiempo (o disciplina) no habíamos leído, pensemos con optimismo que después de este dolor viviremos más unidos y con mayúscula e indescriptible aroma en todo el planeta sin importar, color de piel, política, religión, clase social e idiomas.

Por: Carlos Javier Jarquín
Carlos Javier Jarquin
Escritor y poeta