Señales que delatan la vigorexia

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Cuando nos apuntamos al gimnasio y comenzamos a ir de forma regular y adaptamos nuestra vida a ello, notamos los beneficios que el deporte puede aportar a nuestra salud, tanto física como psicológica. Pero, esto se puede volver en nuestra contra en el momento en el que cambiamos nuestros hábitos y convertimos el gimnasio en una obsesión, lo cual puede provocar trastornos psicológicos.

La vigorexia, en este caso, es el trastorno más común que sufren aquellos que se obsesionan con el gimnasio y el deporte y nunca tienen suficiente. Esta enfermedad consiste en lo contrario que la anorexia, es decir, aquella persona que padece vigorexia es aquella que tiene una visión distorsionada de la realidad y nunca ve su cuerpo con el volumen suficiente, por lo que trata de ingerir cantidades desmesuradas de proteínas e hidratos de carbono, y realiza muchas sesiones de musculación en el gimnasio, así como consume suplementación como es el caso de los anabolizantes y esteroides, muy perjudiciales para la salud.

Síntomas de una persona con vigorexia

Cada persona es un mundo y, ante una misma situación, cada uno reacciona de una manera diferente. La vigorexia puede estar determinada por alguna situación traumáticaque la persona que la padece haya vivido en el pasado, y esto le ha provocado una obsesión por alcanzar lo que para esta sería el físico perfecto.

Vivimos en una sociedad en la que la imagen y el físico está, en ocasiones, por encima de la capacidad intelectual y esto puede provocar en algunas personas inseguridad. Es por ello que los síntomas más frecuentes que muestra una persona que padece vigorexia son los siguientes:

Son personas inseguras, con un autoestima bajo, que nunca van a llegar aceptarse del todo y siempre tienen algo de su físico con lo que no están a gusto, lo cual le provoca ansiedad.

Realizan deporte de forma compulsiva. Todos los días se machacan en el gimnasio y no se saltan ni una sesión de ejercicio, aunque esto provoque rechazar planes con amigos o familiares.

Suelen aislarse de su grupo social. Al dedicar la mayor parte de horas del día a su físico, son personas que no tienen tiempo de relacionarse con los demás, solo para hacer deporte.

Mantienen una dieta muy estricta. Normalmente sus dietas se basan en dosis altas de proteínas e hidratos de carbono y bajas en grasas.

Presentan una forma física desproporcionada. Las personas que padecen vigorexia buscan la hipertrofia muscular y nunca alcanzan el nivel deseado, siempre quieren más y más ejercicio.

Consumo de esteroides y anabolizantes. Para que su ejercicios les luzca más, las personas con vigorexia cometen auténticas locuras como por ejemplo el consumo desmesurado de productos que puede perjudicar seriamente la salud como son los esteroides y los anabolizantes.

Todo esto puede traer graves consecuencias para la salud de la persona que padece vigorexia, como puede ser por ejemplo atrofia muscular, desgarros, esguinces, problemas cardiacos, lesiones hepáticas o, incluso disfunción eréctil o cáncer de próstata. Esto no solo es debido a la práctica de ejercicio excesiva, también lo provoca el consumo de productos muy perjudiciales para la salud.

¿Qué hacer ante una persona con vigorexia?

Normalmente los casos de vigorexia, al igual que en las situaciones de anorexia y bulimia, suelen empezarse a tratar cuando el trastorno está bastante avanzado, ya que es cuando la persona afectada comienza a exteriorizarlo. Por tanto, es muy conveniente que cuando se tenga la más mínima sospecha de que alguien de tu alrededor puede padecer este trastorno, actuar rápido.

Una vez se haya diagnosticado, habrá que someterlo a un tratamiento con un equipo de profesionales, como serían un psicólogo, un psiquiatra y un equipo médico formado por un nutricionista y un enfermero. Por último, es muy importante la ayuda de las personas que rodean al enfermo. Su apoyo y su ánimo, va a determinar el tratamiento.

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