Se cumple este 28 de mayo un mes de protestas y bloqueos en el Valle del Cauca y todo el suroccidente del país, dejando un saldo altamente negativo en cuanto a pérdida de vidas humanas y afectaciones a la Economía. Esta zona citada, ha sido el epicentro de las manifestaciones y registra los peores balances en términos de afectaciones sociales y pérdidas económicas. Lo que apreciamos hoy, después de un mes muy tenso, es algo que amerita una detenida lectura. Estos 30 días evidencian el hartazgo del pueblo por 40 años de gobiernos atrincherados en las fuerzas del estado.

Recordemos que, el paro más largo que se ha adelantado en Colombia, se realizó durante el periodo del 7 de junio al 22 de julio de 2016, cuando este territorio vivió uno de los episodios más largos en la historia reciente del país. Fueron 45 días durante los cuales hubo desabastecimiento de alimentos por cuenta de la protesta del sector camionero. Situación similar se vive en esta oportunidad, treinta días después de este paro nacional, que se ha convertido en una explosión social, que recoge las llamas avivadas de las marchas del 2019, cuando el pueblo colombiano fue haciendo de manera lenta su metamorfosis sin que la miopía de la clase dirigente se diera cuenta y atendiera el pliego de peticiones que recibieron y que, a causa de la pandemia se quedó en modo pausa.

Los jóvenes al cumplir 30 días de paro, se han mantenido firmes ante una clase dirigente que no recoge sus necesidades y las demandas sociales de una población terriblemente empobrecida, sin empleo, sin oportunidades, sin salud, sin educación, sin recursos suficientes en sus territorios, que no pretenden cambiar las leyes sino que, quieren cambiar el pais, quiere que se reduzca el tamaño del estado porque el pueblo ya no tiene como seguir financiando sus excesos, quieren que se disminuya  la desigualdad y la corrupción que se evidencio con el pésimo manejo que se le ha dado a la pandemia, que mostro el pésimo modelo del gobierno que solo repartió pobreza en los territorios y no invirtió los recursos en las  necesidades insatisfechas de la gente que pasaba por su peor momento, prefiriendo invertir en cuestionados proyectos, manejando una política estatal de sálvese quien pueda y como pueda, pues  no quieren acabar con el control y el modelo nefasto de gobierno y han preferido entonces, reprimir la protesta social que es un legítimo derecho .

Importante la referencia a las cifras y cálculos desde la Cámara de Comercio de Cali, que hace mención de las pérdidas en el Valle del Cauca, valoradas en unos 2,5 billones de pesos. Las ventas y los empleos en el mes de abril descendieron considerablemente frente al mes anterior. El Gobierno ha estimado en más de 10 billones de pesos los costos de casi un mes de paro nacional y este monto hoy, debe ser aún mayor. De hecho, en un reciente sondeo de la Cámara de Comercio, el 17 por ciento de las empresas del Valle del Cauca se encuentran paralizadas, el 47% está operando parcialmente, tres de cada cuatro negocios reportaron operaciones parciales con una capacidad promedio del 36 por ciento. Casi el 75 por ciento de las compañías reportaron problemas de movilización de sus trabajadores y dos de cada tres, problemas con el abastecimiento de insumos y materias primas.

Para retornar a la normalidad en las actividades productivas, las empresas vallecaucanas requieren de un respiro en materia de ayuda financiera para sobrevivir a esta situación que por lo visto no se resolverá en el corto plazo, ni días después del levantamiento de los bloqueos pues las conversaciones entre el Gobierno Nacional y los promotores de las protestas no dan señales de avances significativos hasta tanto se desmilitarice las zonas en las que se encuentran los jóvenes de las protestas. Los billonarios costos de los bloqueos y cierres de vías se acumulan día a día, asfixiando la actividad económica, quebrando empresas, disminuyendo empleos, generando escasez de productos y una especulación atrevida de las grandes superficies. Todos estos factores anunciados son más costosos que el asumir de una buena vez el valor de la gran reforma social que demanda el pais y que debe ser cubierta por quienes más tienen.

Treinta días de paro nacional nos señalan hacia el tiempo del cambio, hacia la hora de la igualdad, de escucharnos, de despertar la conciencia, de la verdadera participación ciudadana incluyente, de nuevas caras, de una nueva raza de líderes desprovistos del beneficio personal, de una nueva forma de regenerar la política, de cerrar viejas puertas y abrir nuevos caminos hacia la inversión social, la educación, el emprendimiento y el medio ambiente. Una reflexión final, sin el ánimo de justificar la lamentable pérdida de vidas humanas y afectaciones a la Economía del pais: Si no aparecen los jóvenes en las calles treinta días atrás, en estos momentos estarían aprobando la reforma tributaria, la reforma a la salud y quien sabe cuántos micos más.

Por: Carlos Alberto Arias Baquero
Formulador de proyectos con especialización en análisis empresarial, consultor, conferencista, columnista, líder social