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Bajo la coordinación de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastre todas sus representaciones y enlaces locales a lo largo y ancho del país acaban de realizar una de sus programadas jornadas de simulacro; como si acaso la realidad que a diario vivimos en todo el país no fuera superior al fingimiento.

¿O es que acaso el desbordamiento de los canales, las inundaciones de las plazas y calles del Centro Histórico, o los incendios que no pueden controlarse, o los derrumbes de viviendas en las zonas de alto riesgo, o la tardanza de respuesta del famoso Centro Regulador de Urgencias y Emergencias, abreviado CRU, no son eventos reales superiores a la ficción de un simulacro? Claro que sí lo son, y Cartagena es campeona no en simulacros sino en realidades a las que casi a diario estamos acostumbrados.

Pero discurriendo en simulacros vino a mi mente la utópica eventualidad de realizar en Cartagena un simulacro de una ciudad gobernada y coadministrada por personas serias, capaces, honestas, desligadas de las maquinarias, de los clanes politiqueros y de la corrupción que la asfixian; lo que podría ser un buen ejercicio de simulacro imaginársela bajo este deseado pero inalcanzable esquema, por lo menos por ahora.

¿Qué tal si en esa jornada de ficción o simulacro visualizáramos una ciudad donde sus Concejales en vez de estar incursos en toda una serie de investigaciones por prevaricato, peculado, concierto para delinquir, y otra suerte de delitos y faltas fiscales y disciplinarias tuviéramos a personas sentadas en la curules del Concejo Distrital que llegaron a ellas sin comprar votos o encargar trampas en la Registraduría?

¿O qué tal si en este ejercicio de simulacro tuviéramos, así sea por un día, a Concejales que no presionan por desembolso a los empleados que han recomendado? ¿O a Concejales que para elegirse o para elegir dignatarios y funcionarios del gobierno no reciben coimas ni dineros de muy mala procedencia, ni se disfrazan de filántropos para robarse el dinero del alimento de los niños escolarizados?

¿O qué tal si en este breve tiempo tuviéramos Concejales que no se despachan recursos de esta Corporación Pública a través de OPS que hacen asignar y contratar a personas fantasmas para sus Unidades de Apoyo? ¿O a Concejales que no hacen uso indebido de los pagos que hacen a su personal?

¿O qué tal si por un día tuviéramos en las Juntas Administradoras Locales a ediles que para la elaboración de la terna para la escogencia del respectivo Alcalde Local en vez de actuar o decidir bajo argumentos económicos, dadivas, coimas o “arroces chinos” lo hagan bajo un sano criterio de acuerdo a las calidades de los que aspiran?

¿O qué tal si de los 25 alcaldes que hemos tenido desde 1988 hubiésemos tenido solo los 10 reglamentarios y constitucionales?

¿O qué tal si en este simulacro pensáramos como sería la ciudad de Cartagena, así fuera por un día, si a la alcaldía de la ciudad llegara por elección popular un mandatario elegido sin trampas, sin compra de votos, sin respaldo de carteles mafiosos, sin el apoyo de las reconocidas y politiqueras casas corruptas de la ciudad y el departamento, sin el apoyo de convictos por parapolítica y peculados, sin financiación de los inescrupulosos contratistas del Distrito, y sin haber repartido en campaña, y de manera corrupta e irresponsable, la burocracia del gobierno?

Bueno, despertemos. El simulacro pasó. Se acabó. Este simulacro será una realidad el día que el pueblo lo decida.

Por: Álvaro Morales
alvaro morales 2018