Podemos creer que, desde el origen humano la pobreza ha sido una dura realidad, esto por cuanto en la competencia de la gente por enfrentar esta vida, algunos toman considerable ventaja sobre otros.

Además, en el desarrollo de las civilizaciones siempre están presentes cosas que determinan las diferencias de clases sociales, donde se destacan tres estamentos muy evidentes que es, la clase gobernante y poderosa, la clase puramente trabajadora y la clase marginada (sin empleo, poca educación y con insuficientes alcances a una mejor calidad de vida). Otro aspecto que ha polarizado la pobreza son los prejuicios raciales y étnicos, donde las personas que se creen superiores a otros grupos, tratan de someter a los más débiles a esclavitud, al destierro o a la masacre, tal como lo hizo el régimen nazi contra los judíos.

En el acontecer del mundo, algunos personajes han tratado de luchar por la igualdad de derechos, y propuesto doctrinas tendientes a reducir la injusticia. De allí que, hombres como Federico Engels y Carlos Marx, propusieron el comunismo como solución a lo anterior. Lastimosamente, por una serie de aspectos como la codicia, el egoísmo y el ansia de poder tirano, de los mismos gobernantes comunistas, es que los resultados verdaderos nunca se vieron.

Por otra parte, la paranoia de muchos gobernantes los ha llevado a armarse cada vez más, entonces han destinado grandes cantidades de dinero para tal fin, y en cambio han descuidado los sectores productivos y de asistencia, a las clases realmente pobres.

En el caso de las naciones de América Latina, la presencia de poderosos empresarios y compañías transnacionales muchas veces casi monopolizan las principales fuentes de producción nacional y de servicios, hasta arrinconar socialmente y en lo económico a la mayoría de gente pobre. Por eso, algunos gobiernos en un intento de restarle poder a los grupos oligárquicos, han nacionalizado varias actividades, y con eso tratar de distribuir mejor las riquezas de sus naciones.

Pese a lo anterior, con el paso del tiempo ese intento nacionalizador se ha desvirtuado hasta convertirse en fuente para el saqueo de los mismos grupos oligárquicos o de la clase política dominante. En el caso de una nación como Costa Rica, los sectores sindicales han buscado notables mejoras salariales para sus agremiados, pero lamentablemente han abusado contra el Poder Ejecutivo al pedir muchos privilegios que al fin de cuentas provocan un gasto enorme para el erario público, y en consecuencia se agudiza la crisis fiscal del país.

Entonces, las mismas instituciones “descentralizadas” del mencionado país, deben incrementar sus tarifas para financiarse más, y hacer frente a esos gastos salariales y privilegios excesivos; en el caso de los ministerios, el mismo Ejecutivo trata de subir las tasas tributarias o de poner más impuestos (paquetes tributarios), para solventar ese gasto público.

Entonces, el sector productivo privado costarricense, de cierta manera es agobiado con esos impuestos, al punto que pequeños y medianos empresarios optan por reducir operaciones, cerrar las empresas o negocios, y en otros casos irse del país, y así viene la consecuencia de más desempleo. O sea, en lugar de equilibrarse mejor la situación, en cambio la pobreza y la miseria, crece más.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Comentarista de temas cotidianos