Soltar Para vivir mejor

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En el último año, he decidido hacer cambios que me permitan tener una vida más prospera, más sencilla y más feliz. Cada vez que acepto mis imperfecciones y mis errores me doy cuenta de la importancia de ser humanos, de pensar en los demás, pero también en nosotros mismos y nuestro bienestar. Entre las cosas que he aprendido últimamente, el soltar y dejar ir situaciones, relaciones o personas tóxicas de nuestras vidas es lo más importante.

A veces se cree que sacar a alguien tóxico de nuestra vida es algo liberador y que nos quita un peso de encima, pero la verdad es que es un proceso muy doloroso y difícil. Muchas veces sabemos que alguien nos hace daño, no porque sean malas personas, sino porque no son compatibles con lo que queremos o porque no nos acercan a nuestras metas, sino que por el contrario nos alejan o nos frenan de evolucionar.

Es importante dejar ir, por más difícil que sea, aquello a lo que por mucho tiempo hemos
estado aferrados y de lo que somos conscientes nos hace daño, pues el aferrarnos al pasado, una relación o una persona, nos impide crecer. El cambio y lo desconocido son zonas que nos asustan, pero cuando salimos de nuestra zona de confort empezamos a vivir.

Entonces, mi nuevo lema es: soltar para vivir mejor… a veces me pregunto por qué nos
cuesta tanto dejar ir. Es preciso terminar etapas en la vida, pero cuando pretendemos
quedarnos atascados en ellas, dejamos de crecer y evolucionar. ¿Cómo dejamos ir a alguien que amamos pero que ya no quiere ser parte de nuestra vida? ¿Cómo salir de nuestra zona de confort y empezar a vivir? Soltar duele, pero, y ¿sostener lo insostenible?
Revivimos demasiado el pasado, pensamos en las pérdidas no aceptadas, duelos
inconclusos, rupturas a medias, perdones pendientes, besos no dados, muertes no lloradas…

todas estas son experiencias inconclusas que no nos permiten vivir nuestro presente. Lo que sucedió ya fue, y hay que soltarlo para dar espacio a nuevas cosas; nuevas etapas, nuevas personas, nuevas oportunidades.

Dejar ir no significa olvidar, pero implica aceptar el cambio, hacer un duelo y adaptarse a la nueva realidad. Date la oportunidad de crecer; no busques la felicidad en el mismo lugar donde la perdiste.

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