Muchas marcas occidentales resuenan en Corea del Norte, en adaptaciones autóctonas: hay una Coca-Cola llamada Cocoa, un Netflix llamado Manbang y hasta el Ratón Mickey ha subido a escena en Pyongyang para un espectáculo basado en personajes de Walt Disney.

Google, como otras marcas, conoció un camino similar. Desde que en 2012 se presentara la tableta Samjiyon y en 2013 el teléfono inteligente norcoreano, Arirang, el sistema operativo Android ha merecido una versión local que elimina la conectividad wifi y bluetooth, impone una firma digital a las aplicaciones ejecutables, limita la descarga a una lista de aplicaciones aprobadas y rastrea con capturas de pantalla los movimientos de los usuarios, entre otras cosas.

El Centro de Computación de Corea produce —sería más exacto decir que distribuye— la tableta Samjiyon y la Empresa Informática de Pyongyang, la Ullim. Estos dispositivos, nacidos para navegar en internet, tienen usos curiosos en un país que no permite conexión a la red.

Si bien la Agencia Central de Noticias de Corea, el órgano oficial de Pyongyang, describió la visita de Kim Jong-un a la Fábrica 11 de Mayo como un reconocimiento “a la inventiva, la creación y el entusiasmo patrióticos” con el cual los oficiales y los empleados “sentaron una base sólida para la producción masiva de teléfonos móviles”, Martyn Williams lo consideró improbable.

El experto en Corea del Norte dijo a The Washington Post que “es probable que un fabricante chino haga los teléfonos a pedido y los envíe a la Fábrica [11 de Mayo] para su inspección antes de su venta”. Sospecha que los aparatos se producen en China y pasan silenciosamente por la frontera “para que los trabajadores hagan de cuenta que los produjeron”.

En las instalaciones norcoreanas se da otro paso central para la distribución de tecnología en el país de los Kim:

  • Se comprueba que aparatos y software permitan la navegación únicamente en la intranet nacional.
  • El browser está programado para abrir en una página alojada en la dirección IP 10.76.1.11, a la que no se puede acceder desde el resto del mundo.

La Samjiyon se vende a extranjeros: Ruediger Frank hizo un análisis de producto de la que compró en septiembre de 2012 que publicó en 38 North, la publicación del Instituto Coreano-Estadounidense de la Universidad Johns Hopkins. En cambio, la Ullim se conoce por una tableta contrabandeada fuera del país hacia Alemania, donde la estudiaron los investigadores de la empresa de seguridad informática Enno Rey Netzwerke (ERNW).

La Samjiyon de Frank, profesor de Economía y Sociedad en Asia Oriental de la Universidad de Viena, costó USD 200 y lo sorprendió como “un dispositivo notable que hasta ahora no ha recibido la atención que merece”. En particular le interesan los diccionarios y las herramientas educativas de la tableta, pero no cree que alguien que se dedique a otra cosa que el estudio del país de los Kim le encuentre interés.

Aclaró: “No, este dispositivo no está al alcance de todos los norcoreanos, del mismo modo que un Mercedes Benz S es inaccesible para la mayoría de los alemanes”. La existencia de la Samjiyon, agregó, no cambia que “la mayoría de los norcoreanos se preocupan por la comida y la calefacción, no los electrónicos”. Pero el hermetismo del país no se corresponde con la diversidad creciente de la sociedad, y ahí está la tableta llamada en honor al lugar donde se libró una gran batalla contra los japoneses en 1939.

Según escribió Williams en 38 North —38 es el paralelo que separa a Corea del Sur y Corea del Norte— los investigadores alemanes encontraron que la Ullim tiene “un nivel de vigilancia y control que no se habían visto antes”. Si la versión Kim de Android se usara de manera uniforme en todos los teléfonos inteligentes y todas las tabletas, “el sistema podría afectar de manera significativa la capacidad de los activistas para enviar información digital para que la vean y la compartan los ciudadanos”.

Se presume que el dispositivo se vende desde 2014. Según Florian Grunow, uno de los expertos de ERNW, para comprar en China el hardware que la compone habría que pagar entre USD 180 y USD 225, así que probablemente salga más en Pyongyang.

Por más dinero, sin embargo, este derivado de la Z100 de Hoozo ofrece menos: “En la versión norcoreana falta las piezas de comunicación”. Explicó Williams: “Esta modificación permite que el gobierno tenga un nivel extra de control sobre quién puede acceder a la intranet local. Para estar en línea los usuarios necesitan, aparte, una pieza para conexión LAN, Wifi o dial-up”.

Kim Jong-un visitó la fábrica de los teléfonos norcoreanos. En realidad es un lugar de inspección: se presume que teléfonos y tabletas se encargan a China.

Más interesante, evaluó el experto, son las modificaciones al software hechas para garantizar la vigilancia. Por ejemplo, la app Bandera Roja corre de fondo, constantemente, y hace una captura de pantalla cada vez que el usuario abre una aplicación. Registra la historia del navegador y reinicia el sistema si alguien trata de reemplazarlo.

Junto con Bandera Roja funciona Visor de Huellas, que permite navegar por la historia grabada. Pero sobre todo, la app impide que se borre manualmente esa historia. Según Grunow, se la incluye “para recordarles [a los usuarios] que el gobierno puede descubrir cualquier cosa que hagan en la tableta”.

Las tabletas se venden cargadas con aplicaciones preinstaladas. Cada vez que alguien quiere instalar otra, el Android de Kim la busca en una lista de aplicaciones aprobadas. Si no está en la lista, no se puede instalar.

Tampoco se puede compartir archivos. Niklaus Schiess, de ERNW, explicó que los dispositivos operan con una combinación de dos firmas digitales: “Una, NATISIGN, proviene del gobierno de Corea del Norte; la otra, SELFSIGN, se genera en la tableta. Cuando un usuario trata de abrir un documento, la tableta verifica si ha sido firmado correctamente”. El sistema de firmas se impuso por decisión de Kim-Jong un.

Si no se puede navegar en internet, ni instalar apps que no estén en la lista aprobada de Pyongyang, ni compartir archivos que lleguen en memorias USB, el uso normal de la tableta “es virtualmente imposible”, según el analista alemán.

Los smartphones y las tabletas incluyen también archivos PDF con instrucciones para su uso y textos de propaganda. Hay conexiones pre-programadas —siempre en la intranet— a la televisión, la agencia de noticias y el periódico oficiales.

Según North Korea Tech, entre las aplicaciones cargadas hay un Reader del Centro de Computación de Korea, software de idiomas y uno de los juegos favoritos de Kim Jong-un, Basketball Shot. Para los niños se ha adaptado Angry Birds Rio. Junto con Field Runners, Racing Moto, Fishing Joy, Air Control y Tank Recon 3D hay una biblioteca escolar con música, matemáticas, biología, química y la infancia de Kim Il-sung.

La tableta estándar pesa 250 gramos, mide 18,7 centímetros por 12,4 por 1, tiene 1GB de memoria DDR3, almacenamiento interno de 8GB, una pantalla de 7 pulgadas con resolución de 1.024 píxeles por 768 y una sola cámara, en el frente. Los botones de encendido y de volumen son un poco ásperos y salientes, según criticaron los expertos.


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