Terminar de criticar

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En una sociedad en la que la inercia y la presión social exigen a la clase política-administrativa cada vez más resultados a corto plazo, surge entonces lo que se conoce como “el hábito de la crítica a los demás”

Se dice que criticar es mucho más fácil que proponer soluciones a los problemas que agobian a la comunidad, pero tanto el juicio, como la critica a los demás, es algo tan frecuente en las personas que la mayoría de ellas han llegado a constituir una costumbre con este comportamiento que resulta a la larga negativo.

Particularmente también hemos criticado, pero asimismo cuando hemos propuesto estudiar y analizar el origen del problema para plantear soluciones, la respuesta que por lo regular recibimos es: eso no me corresponde a mí, que lo solucionen los que lo originaron.

Para quejarse y criticar es muy sencillo, no se necesita ninguna virtud, don, ni habilidad para ello. En cambio para erradicar estas conductas debemos tener autodominio mental y emocional, que no es algo muy extendido. Por tanto, no esperemos tener un gran avance en nuestro desarrollo personal si seguimos manteniendo esta actitud en nuestras vidas. Surge entonces este interrogante: ¿Qué beneficio existe en criticar a otra persona si no damos la solución?

Por lo anterior hemos llegado a la siguiente conclusión: proponer que terminemos de criticar e iniciemos un cambio de pensamiento que nos conlleve a construir hábitos de soluciones. Continuar en el ámbito de la rutina de la crítica, nos seguirá ocurriendo igual que con las guerras, tanto vencedor, como vencido salen dañados. Si la intención al exponer un razonamiento es el elevar el nivel de conciencia o mejorar la vida del otro individuo, aun podría justificarse esta actitud, pero es evidente que en la mayor parte de las ocasiones esa no es la motivación con la que efectuamos las críticas a los demás.

Dale Carnegie, maestro de las relaciones humanas dijo: “Si quieres miel no les des puntapiés a la colmena”. Aun cuando no exista una intención de causar daño a la persona criticada, esta actitud debe ser erradicada de nuestro quehacer cotidiano, porque como emisor estamos cargando el campo mental y emocional de aquello que precisamente detestamos de los otros. ¿Recuerdas el dicho popular de dime de que presumes y te diré de que careces? Pues eso es de forma habitual lo que ocurre cuando criticamos a los demás, ya que al enfocarnos en circunstancias o defectos concretos los seguiremos atrayendo a nuestra experiencia de forma inconsciente.

Si analizamos con detalle la actitud de la crítica, también podremos observar que quien tiene el hábito de la detracción, no la tolera en absoluto cuando él es el destinatario. Nos encanta criticar, pero no nos gusta que nos critiquen.

Debemos tomar conciencia de que cada uno de nosotros bastante trabajo que tenemos para auto mejorarnos y auto superarnos, así que no sigamos perdiendo tiempo y energías en algo tan absurdo como criticar a los demás, que en nada nos beneficia.

Es importante que nos demos cuenta si tenemos esta conducta, ya que es la vía de entrada de otros hábitos tan perniciosos o más, que pueden conducir nuestra vida a un círculo vicioso de negatividades. Quien critica a los demás continuamente no vive en paz y armonía y esta conducta es posiblemente la exteriorización de la agitación interna en la que nos encontramos. Si me lo permiten les muestro unas cuatro pautas con las que podemos transformar ese hábito que nos aleja de nuestro éxito personal y nuestro equilibrio interno:

1. Acostumbrémonos a ver lo bueno en los demás.

En todo existe una parte positiva, depende de ti ver la luz o incrementar las sombras. Por mucho que te cueste al inicio, si te acostumbras a focalizarte en lo bueno que tiene cada persona y situación, también esa tendencia se incorporará a tu interior.

2. Ver el bosque desde el otro lado.

Todos y cada uno de nosotros sólo podemos percibir las cosas desde nuestro punto de vista y este es siempre limitado. Nadie tiene una visión y una comprensión absoluta, por ello es bueno intentar ponernos en lugar de la otra persona antes de lanzar críticas por su actitud. Cada persona actúa en base a su nivel de conciencia y si críticas a quien consideras que tiene menos que tú, estarás poniéndote a la altura del criticado.

3. Contemos hasta 3 antes de hablar

Existen ocasiones en las que la crítica surge como respuesta a la que nos han efectuado. De esta forma muchas personas se enzarzan en discusiones dialécticas absurdas con el consiguiente “y tú más”. Tomemos el control de la situación y no caigamos en provocaciones ni insultos, pues quienes los emiten es precisamente lo que busca. Si te mantienes equilibrado, podrás responder sin perder tu dominio de la situación.

4. Pide disculpas si alguien ha sido blanco de tus críticas

El perdón libera tanto al ofensor como al ofendido y cuando es realmente sincero, te ofrece una gran oportunidad de crecimiento en tu vida y siempre es mejor ganar amigos que crear enemistades.

He sido un crítico tenaz, pero debido a mi crecimiento personal, debo ser coherente con mis posiciones; por estar razón tomé la decisión, aunque me la critiquen, de terminar de criticar.

Por: Gustavo Morales De León