Teyuna, la ciudad perdida de los Tayrona

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Yuri Leveratto (1968, Génova, Italia) explorador, economista y escritor.
Yuri Leveratto (1968, Génova, Italia) explorador, economista y escritor.

La Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia, es un inmenso macizo montañoso con una extensión de 17.000 kilómetros cuadrados. Las cimas más altas de la Sierra son el pico Colón y el pico Bolívar, las cuales, con 5775 metros de altura, son las más altas de Colombia. Son, además, las cimas más altas del mundo cerca al mar, del cual distan no más de 42 kilómetros.
En la Sierra Nevada de Santa Marta se presentan todos los climas de la Tierra, exceptuando el desértico.
La zona fue habitada desde épocas remotas, pero a partir de la era de Cristo, el pueblo de los Tayrona, de origen meso-americana, que se expresaba en chibcha, se estableció allí.
Los Tayrona no conocían la escritura, ni el uso de la rueda o la utilización de los animales. Sin embargo, habían ejercido la agricultura a larga escala, que les permitía obtener excesos de producción.
Vivían en varios asentamientos: el conocido hoy con el nombre de Pueblito, en el parque Tayrona, era uno de los más grandes, con aproximadamente 1000 cabañas. Las cabañas de adobes eran comúnmente construidas sobre bases circulares delimitadas por muros de contención de piedra.
Otros asentamientos, hoy perdidos, eran Bonda, Pocigueica, Tayronaca y Betoma, todos situados en lugares no lejos de la costa. Al interior de la Sierra Nevada, a una altura de aproximadamente 1200 metros sobre el nivel del mar, estaba situada, en cambio, Teyuna, centro espiritual y comercial de primera importancia.
Para llegar a Teyuna es necesario caminar por los angostos senderos de la Sierra Nevada.
La primera parada del viaje se hace en Mamey, un pueblito de colonos al que se llega por una carretera destapada. De Mamey se continúa caminando, trepando arriba y abajo los caminos de la Sierra. Ya desde el primer día de recorrido se aprecia la exuberante vegetación, el bosque tropical y se tiene contacto con el pueblo de los Kogui, descendientes de los Tayrona.
Al segundo día se continúa el camino y se entra en el valle del río Buritaca. Se visita Mutanji, el país de los Kogui y se puede tener contacto con estos indígenas, que aún hoy hablan el chibcha y siguen las tradiciones ancestrales de los Tayrona.
Al tercer día continúa el recorrido y después de haber atravesado una decena de veces el río Buritaca, con el agua a la cintura, se llega a un punto donde se ve una empinada escalera, construida por los Tayrona. Son aproximadamente 1200 peldaños antes de llegar a Teyuna y poder vislumbrar las primeras terrazas delimitadas por muros de contención de piedra que servían como soporte a las cabañas.
Teyuna en lengua chibcha significa origen de los pueblos de la Tierra, pero el nombre popular de este importante yacimiento arqueológico es ciudad perdida. Teyuna permaneció, en efecto, abandonada y olvidada durante unos 375 años, hasta la fecha de su descubrimiento en 1973. A veces se le llama también Buritaca 200, en referencia al número de lugares arqueológicos descubiertos en el área de la Sierra Nevada de Santa Marta.
Después de las incursiones de los españoles en la zona costera de Santa Marta, a partir de 1525, los Tayrona se adentraron cada vez más en la Sierra Nevada y probablemente se refugiaron en Teyuna alrededor de 1540.
En el valle del río Buritaca, en una zona comprendida entre los 500 y los 2000 metros de altitud, fueron encontrados 32 centros urbanos. Algunos cuentan sólo con 50 terrazas, delimitadas por muros de contención, otros, como Teyuna, cuentan con unos 140 terraplenes. Estos asentamientos son: Tigres, Alto de Mira, Frontera y Tankua.
Teyuna, cuyas estructuras de piedra se encuentran a una altura comprendida entre los 900 y los 1200 metros sobre el nivel del mar, era el centro principal de la totalidad del valle y cumplía un rol espiritual y comercial.
Probablemente en cada terraza estaban construidas 2 cabañas. Se puede estimar, por tanto, que la población total de Teyuna comprendía las 1500 personas, por un total de 280 cabañas.
Los Tayrona decidieron, con el paso del tiempo, modificar el terreno, empinado y accidentado, para obtener superficies planas aptas para la construcción de sus unidades residenciales.
yuri-tayronaAlgunos muros Tayrona tienen una altura de hasta 9 metros y además de contener las terrazas, sirven para marcar los caminos, canalizar los flujos de agua y evitar la erosión de las montañas. La forma de las terrazas varía según la ubicación y probablemente según el uso al cual estaban destinadas. Aquellas situadas a más altura son ovales, mientras que las otras son en su mayoría semicirculares o circulares. Su extensión varía desde los 50 hasta los 880 metros cuadrados.
En la Sierra Nevada el régimen de lluvias es abundante: de los 2000 a los 4000 mm anuales. Los arquitectos Tayrona se vieron obligados a perfeccionar las técnicas para controlar el flujo de agua. Fueron construidos canales subterráneos que funcionan aún hoy. Además, la superficie de las terrazas tiene una pendiente media del 10% hacia el exterior.

La economía de los Tayrona, basada en la agricultura, permitió sostener a la densa población en la Sierra Nevada por aproximadamente 700 años, en un período comprendido entre el siglo IX hasta el fin del XVI de la era de Cristo. Después del análisis y del estudio de las tradiciones de los Kogui, descendientes de los Tayrona, se deduce que Teyuna fue abandonada alrededor de 1600 y que permaneció olvidada, exactamente, durante más de tres siglos. Probablemente se difundieron epidemias que obligaron a los Tayrona a abandonar su ciudad y a dispersarse en pequeños asentamientos a lo largo del valle, difícilmente accesibles a los españoles.
Con el tiempo, los nativos de la Sierra Nevada dejaron de visitar Teyuna, aunque en las tradiciones de los Kogui la exacta ubicación de la ciudad estaba cuidadosamente guardada.
Alrededor de 1970, algunos campesinos que colonizaron la parte baja de la Sierra Nevada, hasta aproximadamente 700 metros sobre el nivel del mar, supieron de las posibilidades de encontrar grandes tesoros. En poco tiempo, algunos de ellos se organizaron y sin ninguna preparación arqueológica, se dedicaron al saqueo de las tumbas Tayrona, actividad ilegal llamada guaquería.
Los guaqueros se adentraron cada vez más al interior de la Sierra hasta que, en 1973, uno de ellos, Julio César Sepúlveda, llegó a la ciudad perdida y comenzó a saquearla. Casi contemporáneamente otro guaquero, Jorge Restrepo, junto con sus hombres llegó a Teyuna y se dedicó al saqueo. Los dos bandos se enfrentaron y los dos líderes murieron en el sangriento combate. La historia volvió a repetirse. Después de casi 500 años del desembarque de los primeros europeos en América, la manía de enriquecerse con el oro sepultado en las tumbas indígenas continuó aniquilando víctimas.
El saqueo persistió. En Santa Marta, en 1975, había comerciantes sin escrúpulos que organizaban las expediciones de los guaqueros hacia la Sierra Nevada. Les proporcionaban medios económicos: mulas, armas, palas, alimentos y obtenían a cambio la obligación de los guaqueros de venderles sólo a ellos los hallazgos arqueológicos, a menudo de inestimable valor intrínseco y artístico.
Los hallazgos eran luego revendidos en el mercado internacional y perdidos para siempre.
Por fortuna, este infame comercio fue interrumpido en 1976, cuando una expedición científica organizada por el Instituto Colombiano de Antropología llegó hasta Teyuna e inició un proceso de valorización, restauración y conservación de los hallazgos y de las terrazas de la ciudad.
Cinco personas llegaron a Teyuna en 1976: los arqueólogos Gilberto Cadavid y Luisa Fernanda Herrera de Turbay, el arquitecto y escritor Bernardo Valderrama Andrade y los guías locales Francisco Rey y ‘El Negro’ Rodríguez.
Luego de sus trabajos de excavación en las terrazas de Teyuna, obtuvieron importantes hallazgos como joyas de oro y vasos de cerámica finamente tallados. Fueron encontradas también algunas espadas y alabardas españolas, pero no está claro si algunos grupos de españoles llegaron a Teyuna o si esas armas fueron sepultadas en las tumbas como trofeo de guerra.
Hoy Teyuna está abierta y disponible para todos. El gobierno colombiano protege a este maravilloso lugar de ulteriores saqueos.

YURI LEVERATTO
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