Nada de novedoso ni de innovador tienen los “vitrinazos” que con anuncios de obras y de acciones disparan a diestra y siniestra, y con sonrisa a flor de labios, como en campaña política, los gobernantes desde el mismo momento de su posesión, y que algunos sólo hacen por un tiempo prudencial, y otros, durante todo su mandato.

Todos los elegidos para mandar así actúan, ninguno escapa a este estilo con el que pretenden agradar a los gobernados, expresando, y aun queriendo “patentar” un estilo propio, que, en muchos casos no son más que pronunciamientos, a veces bien intencionados, pero en no pocos, sólo promesas que son como se dice, “de dientes para afuera”; y en esto, tantos alcaldes, gobernadores, y aún presidentes, sí que han quedado mal. La reciente experiencia con el exalcalde Manuel Vicente Duque y con el exgobernador Dumek Turbay, no son la excepción a la regla.

No nos sorprenden los vítores y aplausos con los que son recibidos los anuncios que el gobernador Blel Scaff hace desde su despacho y en sus giras con miembros de su gobierno y con su séquito de periodistas que plasman sus promesas en letras de moldes en sus portales.

El gobernador Blel, a quien por su reciente desempeño hay que darle el beneficio de la esperanza, viene haciendo promesas que obviamente conjuga en tiempo futuro y modo condicional, tiempos que tiene su propia carga de incertidumbre.

De esas promesas conjugadas en tiempo futuro y modo condicional se conoce la que le hizo a la población joven del departamento a quienes les dijo que superaría la tasa laboral de acceso al gobierno de profesionales jóvenes no solo en un 10 % sino, que la duplicarla.

A los arjoneros y carmeros en reciente vista les prometió que prontamente pondría al servicio diversas obras de infraestructura que se encuentra inconclusas, entre ellas, los sonados alcantarillado y acueducto de El Carmen de Bolívar.

A los de Santa Rosa del Sur, a raíz de los recientes ataques guerrilleros les dijo: “no permitiré que el terror vuelva a Bolívar”; mientras a los del barrio El Rodeo, de Cartagena, les prometió que reiniciaría las obras de mejoramiento de la vía principal del lugar; y a los de la ESE Maternidad de Rafael Calvo les prometió que lideraría un plan de salvamento financiero de la entidad.

A los santarroseros del norte, y a los villanueveros les prometió que lo más pronto posible retomaría las obras de los Centro de Desarrollo Infantil, abandonadas hace más de cinco años; y con el alcalde Mahates se comprometió en que rehabilitaría la vía que une a este municipio con la Troncal del Occidente; pero también a los arenaleros y soplavienteros les dijo que terminaría el postergado puente que los unirá.

También, el gobernador Blel, con su séquito, visitó los municipios de San Juan Nepomuceno y San Jacinto dejándoles a sus pobladores la promesa de poner en funcionamiento el nuevo acueducto regional; mientras que a los de El Pozón, en Cartagena, le prometió que terminaría el Centro de Atención a Víctimas, el cual se encuentran en un 65% de construcción.

En cuanto al deporte, tampoco han faltado las promesas. Dijo Blel “Trabajaremos unidos e incansablemente para que el deporte sea unos de los principales referentes positivos del territorio”.

El gobernador Blel, por lo pronto, ya incumplió a lo que se comprometió después de las denuncias y los audios de la doble W que involucraron a su padre, el senador Blel Saad, y quebrantó su promesa por la forma como parceló su administración entregándosela a politiqueros y condenados por parapolítica y por robo al erario.

Por: Álvaro Morales
alvaro morales 2018