El tiempo abraza con nostalgia
la ilusión efímera de la existencia,
desafía airoso los credos,
los sueños y la ciencia.

Avanza inexorablemente
sobre el crisol acartonado
de las centurias y los siglos,
nos sonríe desdeñoso
desde su pedestal de eternidad.

Recorre las sendas de la piel
tatuando sus huellas indelebles
sobre nuestra fugaz eternidad,
desdibujando los recuerdos
de un pasado que se extingue
en el cuenco claro oscuro
de un ocaso silente y senil.

El tiempo abraza sin piedad
la ilusión efímera de la existencia,
es nuestro anhelo y desconsuelo,
la esperanza de una aurora
y la certeza ineludible,
de una noche que se extingue.

Por: Rossi Er
Escritora