El párkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente en el mundo, que afecta aproximadamente a 6.3 millones de personas. Quienes padecen esta enfermedad requieren de un tratamiento con especialistas en neurología, nutrición, fisioterapia y psicología, quienes se convierten en jugadores clave que logran mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Es aquí en donde la atención integral cumple un papel fundamental en el tratamiento del paciente, que debe ir más allá del manejo médico y físico.

“El párkinson requiere de la atención conjunta del neurólogo, fisioterapeuta –en algunos casos-, nutricionista y psicólogo para abordar el tratamiento de forma completa y eficiente. Por esta razón es de vital importancia el consenso entre los diferentes profesionales y el paciente, este último debe aprender a conocer su enfermedad y educarse para reconocer los beneficios del tratamiento integral”, explicó, la doctora Xiomara García, especialista en trastornos del movimiento.

A continuación se destaca el papel de cada uno de los profesionales que hacen parte de este proceso, su rol y aporte en el control y la disminución de los síntomas.

Neurólogo de Movimientos Anormales.

El origen de la enfermedad de Parkinson se da por causa de la muerte o degeneración de las neuronas de la sustancia negra que produce la dopamina, uno de los neurotransmisores encargados de regular los movimientos del cuerpo.

El neurólogo de Movimientos Anormales tiene un papel fundamental en el acompañamiento de esta condición, debido a que es el encargado de monitorear el avance de la enfermedad, analizando diferentes alternativas de tratamiento en el paciente de acuerdo a su condición particular.

La relación entre el paciente y el neurólogo debe ser de confianza, en donde la persona diagnosticada pueda expresar sus dolencias y dificultades para que de esta forma se realice un buen diagnóstico, tratamiento y acompañamiento en el transcurso y desarrollo de la enfermedad.

Psicólogo.

La aceptación es la etapa que sigue después de ser diagnosticado y es allí en donde se genera conciencia para manejar y controlar las variaciones que se presentan en el estado de ánimo. Aunque parece obvio, la paciencia y la buena actitud ante una situación difícil pueden cambiar todo el panorama.

El psicólogo ayuda al paciente a aceptar su enfermedad, proporciona recursos y estrategias que propicien una correcta adaptación y apoya la forma en que el se relaciona con su entorno social y familiar.

Nutricionista.

Existen alimentos que gracias a sus componentes nutricionales pueden contribuir a disminuir cuadros de depresión, dolor muscular, pérdida de peso y alteración en el estado de ánimo que produce la enfermedad de Parkinson.

El rol del nutricionista es realizar una evaluación nutricional completa, detectar alteraciones y diseñar un plan de alimentación individual acorde con la etapa en la que se encuentre la enfermedad, las comorbilidades asociadas y medicamentos actuales.

El objetivo es brindar alternativas de una alimentación adecuada y balanceada en donde se incluyan todos los grupos de alimentos especialmente los alimentos que son fuente de proteína como: leche y derivados, carnes, leguminosas y huevo en horas y cantidades adecuadas.

Adicionalmente, se busca educar a la familia para la inclusión de alimentos que son fuente de vitaminas, minerales y fibra como coayudantes en el proceso de mantenimiento. Con esto el paciente mejora el estado nutricional, estado de ánimo y disminuye riesgos de interacción entre medicamentos y nutrientes.

Fisioterapeuta.

La enfermedad de Parkinson se asocia con síntomas motores como: temblor en reposo, lentitud de movimientos, pérdida de fuerza muscular, cansancio, rigidez, problemas para caminar o dolor muscular. Por lo anterior, el fisioterapeuta juega un rol fundamental en el manejo integral del paciente ya que a través de distintas técnicas terapéuticas personalizadas que se adaptan a cada uno de los casos, formula un plan de actividades y ejercicio apropiados para cada paciente.

Neurocirujano.

Para mejorar la calidad de vida de quienes padecen la enfermedad de párkinson, existe una terapia conocida como Estimulación Cerebral Profunda (DBS, por sus siglas en inglés) capaz de regular los síntomas motores de los pacientes cuando estos ya no responden correctamente a medicamentos o presentan efectos secundarios a los mismos. Este tratamiento consiste en el implante de unos cables muy finos llamados electrodos a partes profundas del cerebro que controlan algunas de las funciones de movimiento. Estos electrodos se conectan a su vez a un dispositivo similar a un marcapasos que envía pulsos eléctricos a los electrodos con el fin de modular los síntomas de la enfermedad. El neurocirujano, quien tiene entrenamiento especial en cirugía funcional y estereostática será el responsable de ofrecer la alternativa quirúrgica y decidir si es apto para realizar el procedimiento.

De esta forma, la integralidad en la atención de un paciente con Parkinson demarca un diferencial importante en la mejora de la calidad de vida del mismo.