¿Tratas a tu mascota como tu hijo? Conoce los peligros de la humanización animal

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MascotasLos perros y gatos ya no viven en el patio ni se comen las sobras. Los visten, les compran zapatos, les hacen la manicure, les tiñen el pelo, les crean un perfil en Facebook, les celebran los cumpleaños con torta y velas, los meten en sus camas y hasta les dan flores de Bach si sufren de ansiedad, miedo o estrés.

Todas estas son muestras del inmenso amor que sienten sus dueños por ellos, pero esta actitudes podrían no ser beneficiosas para las mascotas. Las actitudes extremas pueden alterar el comportamiento y estado mental de los animales, quien deja de comportarse como tal, para adaptarse a las expectativas de su dueño.

Según Sylvia Arrau, docente de la carrera de Medicina Veterinaria de la Universidad del Pacífico, la humanización les afectaría mucho, ya que “parte del respeto por el animal es aceptar que es un animal y que por ello su comportamiento corresponde a un animal. Pretender que se comporte como humano provoca problemas como el hiperapego, la agresividad, la timidez extrema, entre otras alteraciones, que luego el propio dueño rechaza”, afirma.

Esta tendencia de ver a nuestras mascotas como humano tendría relación con las características propias de la sociedad actual, ya que vendrían a suplir espacios de vinculación y apoyo afectivo que no se encuentra en otros seres humanos, así lo explica la psicóloga Verónica Navarrete.

La especialista recalca que cuando la relación con una mascota es llevada al extremo, adjudicándole características, emociones y pensamientos humanos, “sin ser capaces de mantener los espacios propios de la mascota, estamos frente a un espacio poco sano, en que se olvidan las necesidades y características propias del animal y se le atribuyen las que el dueño cree que requiere como ropa, masajes, paseos en coche y tratarlos como guaguas”, señala Navarrete.

La mascota viene a ser cosificada, olvidándose de las necesidades propias de su especie y está al servicio de las carencias de su dueño. Por eso es fundamental entender que los perros tienen necesidades y características individuales a su especie, la canina. Por ello, es un error humanizarlos, asignándoles necesidades propias de las personas.

Se puede incorporar a nuestros animales a la familia, pero se debe establecer una jerarquía, donde la mascota pertenecería al último escalón de esta. El límite, según la doctora Verónica Navarrete, será que “el humano sea capaz de mantener la autoridad sobre su mascota, no centrando su vida en ella”.

¿Cómo lograrlo?

Carol Goldschmidt, magíster en comportamiento de animales y dueña de Buenperro.cl, da algunos consejos de cómo tener una relación sana con tu mascota. “Cuando llega el perro a tu casa debes pensar qué reglas quieres establecer y empezar a establecerlas de inmediato. Por ejemplo, si no vas a querer que duerma en tu cama, no lo subas a tu cama y mantenlo abajo, tenle su camita. Si no quieres que te pida comida cuando estés en la mesa, no le des comida cuando estés comiendo. Si no quieres que se suba a los sillones, no dejes que se suba”, aconseja.

Lo fundamental es ponerles reglas y límites, y mantenerlos a través de la vida del perro desde que llega a la casa, independientemente de si es cachorro o adulto.

La lógica para que nuestras mascotas aprendan es enseñarles lo que sí deben hacer. La especialista comenta que “es bastante más fácil enseñarle a sentarse, enseñarle a acostarse en su cama, enseñarle a echarse y quedarse quieto afuera de la casa con la puerta abierta hacia el jardín, etcétera. Es mucho más sencillo y además mejoras la relación con tu perro. No lo retas sin parar y él está tranquilo, porque sabe lo que tú quieres de él y no tiene que dedicar su vida a adivinarlo”.

Junto con esto es muy importante que los perros compartan con otros de su misma especie, para que sociabilicen y disminuyan su agresividad. Es totalmente perjudicial que cada vez que se acerque un perro  uno tome a su mascota en brazos, se le hace daño, se sobreprotege, se humaniza, por lo que hará que no sepa comportarse como perro.

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