En 1.842, las diferencias religiosas eran muy fuertes en la sociedad y en la localidad de Roermond al sur de los Países Bajos.

Él, Van Gorcum, coronel de caballeria y embajador, era protestante, y ella, Van Aefferden, católica, de la nobleza.

Demostraron a todos después de 38 felices años juntos que se puede convivir a pesar de las diferencias religiosas.

Lamentablemente, Van Gorcum falleció, y como era de esperar, fue enterrado en el cementerio protestante de la localidad.

El destino o la casualidad hizo que Van Gorcum fuera inhumado en uno de los laterales de la parte protestante que lindaba con el muro del católico, junto al otro lado quedaba un rincón vacío en el suelo del cementerio católico.

La señora Van Aefferden, le sobrevivió ocho años; negándose a ser enterrada en el mausoleo familiar. Se encargo en vida de construir una tumba monumento, al otro lado del muro, donde se encuentra su marido.

Se encuentran unidos mediante unos originales panteones que emergen sobre sus lápidas, sobre la que salen dos manos que se unen, entrelazándose justo sobre la mitad del muro.
Esta muestra de amor es muy conocida entre los holandeses que la conocen como “Het graf met de Handjes” o la “tumba de las manos”.