El 4 de septiembre del 47 d.C. resulta depuesto el último emperador del Imperio Romano Occidental, Romulus Augusto, por el bárbaro germano Odoacer, cuando se hace con el control de Ravenna, capital del Imperio Occidental desde 402, Odoacer se proclama a sí mismo rey de Italia.

Aunque el gobierno romano continuará en Oriente, la coronación de Odoacer es tomada en la historia como fin del Imperio romano con su centro de poder ubicado en Italia (Hace 1542 años).

La caída del Imperio romano de Occidente

Como el poder era manipulado por su padre, Rómulus no tomó ninguna decisión y no construyó monumentos, aunque se acuñaron monedas con su nombre en Roma, Milán, Rávena, y la Galia.

Varios meses después de que Orestes asumiera el poder, una coalición de hérulos, esciros y torcilingios exigieron que se les otorgasen la tercera parte de las tierras de Italia para establecerse como federados.

Cuando Orestes rechazó la exigencia, las tribus se rebelaron bajo el mando del jefe esciro Odoacro. Orestes fue capturado cerca de Piacenza el 28 de agosto de 476 y rápidamente ejecutado.

Odoacro avanzó hacia Rávena y logró capturar la ciudad y al joven emperador. Una vez en el poder, obligó a Rómulo a abdicar al trono el 4 de septiembre de 476. Esta acción es vista, tradicionalmente, como el final del Imperio romano de Occidente, pero la deposición de Rómulo no causó ninguna interrupción significativa entonces.

Roma ya había perdido su hegemonía sobre las provincias, los germanos dominaban los ejércitos «romanos» y hacía ya mucho tiempo que generales ‘bárbaros’ como Odoacro eran el verdadero poder detrás del trono.

Roma e Italia sufrieron mayores devastaciones durante el siguiente siglo, cuando el emperador Justiniano I envió sus tropas para reconquistarlas.

Después de la abdicación de Rómulo Augusto, el Senado romano, Odoacro y Julio Nepote enviaron representantes al emperador Zenón.