Un cohete llamado Froome dinamita la Vuelta en Calpe

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Nunca dejes de creer. Esas eran las cuatro palabras que Chris Froome tenía grabadas en su cabeza antes de bajar la rampa de salida en la contrarreloj de 37 km. que discurría entre Jávea y Calpe. La diferencia de 3:37 con Nairo Quintana después del desastre de Formigal parecía que había enterrado sus opciones de cara a una posible victoria en la general.

Sin embargo, el británico demostró su buen hacer en la batalla contra el tiempo, esa especialidad que ha caracterizado a la mayoría de los grandes vueltómanos. Froome logró destrozar el crono en meta para adjudicarse el triunfo y endosarle 2:16 al colombiano, disminuyendo la brecha entre ambos hasta 1:21. Mañana, Aitana tendrá la última palabra.

Sabía que era su último halo de esperanza, el saliente al que aferrarse para no caer por el barranco de la derrota. Y se agarró a él, vaya si lo hizo. El ciclista de Sky, acostumbrado a medir al milímetro sus esfuerzos, supo dosificar sus fuerzas y mantener un ritmo constante durante todo el trayecto. Los segundos fueron cayendo como losas con el paso de los kilómetros, al tiempo que Quintana apretaba los dientes para minimizar las pérdidas en la línea de llegada. Se avecinaba tormenta.

En el primer punto intermedio, situado en el kilómetro 12,5 de carrera, Froome ya había quebrantado la marca de un Castroviejo que ya aguardaba en la zona de podio después de parar el reloj en 47:17. Un tiempo que le colocaba por delante del espigado corredor sueco Tobias Ludvigsson (Giant), que finalizaría tercero en la etapa, a 1:24 del ciclista de Nairobi y a 40 segundos del vasco de Movistar.

Quintana pasó por ese mismo punto de referencia a 46 segundos del británico, el mismo puñado de segundos que cedería en la segunda toma de tiempos, colocada en el kilómetro 24,3. El corredor de Sky, siempre acompañado de una magnífica postura sobre su bicicleta, veía cada vez más cerca la machada. Las puertas del cielo se le iban abriendo poco a poco. Mientras, Contador asaltaba el tercer puesto de un Chaves que acusó demasiado su desventaja en esta especialidad.

Ya en la recta de meta, Froome miró su potenciómetro, consciente del gran registro que iba a mostrar el panel de llegada: 46:33. El único ciclista capaz de bajar de los 47 minutos. Una brutalidad. El de Boyacá cruzó la línea de meta a 2:16, una diferencia “que entraba dentro de lo previsto”, tal y como aseguró al término de la jornada.

Mañana, la arena volverá a recibir a estos luchadores en el Alto de Aitana, un largo y exigente puerto (21 km. al 5,9%) que se convertirá en el Coliseo romano particular de los aspirantes al triunfo. Antes, el recorrido será apto para emboscadas e idóneo para todos aquellos que busquen mejorar su posición en la clasificación. Al día siguiente, llegará el paseo triunfal por las calles de Madrid. Froome, Quintana; Quintana, Froome. El duelo está servido.

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