El 1 de diciembre de 1347, un navío venido del mar Negro y lleno de marineros moribundos atracó en el puerto de Mesina, Sicilia. Fue el inicio de la plaga.

Peste Negra es el nombre comúnmente dado por la historiografía a la peor epidemia sufrida por Europa en toda su Historia. Para sus contemporáneos fue simplemente la “Gran Peste” (la magna pestilentia, en los documentos latinos de la época). Se originó en el Lejano Oriente, probablemente a principios de la década de 1330, y en 1346 ya apareció en las factorías italianas de Crimea; en 1347 se había extendido hacia Constantinopla y el Mediterráneo oriental, y llegaría a Sicilia y a los puertos del Adriático a finales de año. A principios de 1348 causaba estragos en Génova, y desde allí se propagó durante 1348 y 1349, lenta pero inexorablemente, del sudeste al noroeste. Tanto su progresión como sus efectos iban a ser muy irregulares y variables: mientras algunas localidades quedaron prácticamente arrasadas, otras no sufrieron daño alguno. Londres, París y Florencia, por ejemplo, se vieron muy afectadas por la enfermedad, mientras que Milán, Lieja o Núremberg escaparon del contagio con daños relativamente menores.

Pero ¿cuál fue la “zona cero” de la epidemia en Europa? Todos los datos apuntan al puerto siciliano de Mesina como foco inicial de la propagación . Allí atracó, el 1 de diciembre de 1347, al menos un barco lleno de marineros moribundos proveniente del mar Negro. Los tripulantes sufrían altas fiebres y presentaban ganglios en el cuello y las ingles que parecían ir a estallar en cualquier momento, así como la piel cubierta de bultos negros (de ahí su nombre). Morían en apenas unos días sin que ningún médico pudiese evitarlo ni aliviar sus males. El barco de aquellos marineros había recalado en Caffa, en el mar Negro, hasta donde, probablemente, la epidemia había llegado desde Mongolia por la Ruta de la Seda. La enfermedad, sin causa conocida por entonces, avanzó como un rayo por Europa. En apenas cinco años, la Peste Negra surcó el continente de París a Londres y de Barcelona a Moscú, llevándose por delante más de 20 millones de vidas.

Hay varias hipótesis sobre dónde comenzó la mayor epidemia medieval: quizá en algún lugar del norte de la India o, más probablemente, en las estepas de Asia central, desde donde fue llevada al oeste por los ejércitos mongoles. Así, hay que recordar que la colonia genovesa de Caffa fue asediada por aquellos guerreros, y se cuenta que estos lanzaban con catapultas los cadáveres infectados dentro de la ciudad. De este modo, los refugiados de Caffa habrían contagiado luego la peste a los marinos de Mesina… o a las ratas de su barco. Se pensaba entonces que los monjes mendicantes, los peregrinos y los soldados que regresaban a sus casas eran el vehículo para la introducción de las grandes epidemias de un país a otro. Esto era en parte cierto, pero sin duda el comercio naval fue la actividad más peligrosa, ya que los barcos llegaban a puerto y descargaban, junto con las mercancías, las ratas infectadas, procedentes de países donde la enfermedad era endémica. Y este fue sin duda el medio mayor de difusión de la Peste Negra.

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