Giuseppe Fortunino Francesco Verdi nació en Le Roncole (Busseto) cerca la ciudad de Parma en Italia, el 10 de octubre de 1813, fue un compositor romántico italiano de ópera del siglo XIX, el más notable e influyente compositor de ópera italiana y puente entre el belcanto de Rossini, Donizetti y Bellini y la corriente del verismo y Puccini.

Fue autor de algunos de los títulos más populares del repertorio lírico, como los que componen su trilogía popular o romántica: Rigoletto, La Traviata e Il Trovatore y las obras maestras de la madurez como Aida, Don Carlo, Otello y Falstaff.

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La casa donde nació Giuseppe verdi en Le Roncole (Busseto) cerca la ciudad de Parma en Italia

Giuseppe Verdi, el más popular de los compositores de ópera, nacido de una familia pobre en un pequeño pueblo italiano. Comenzó a estudiar música en un pueblo cercano. Busseto, donde fue llevado a la casa de un rico patrón quien más adelante costeó su educación en Milán. Al completar sus estudios se convirtió en director municipal de música clásica en Busseto y contrajo matrimonio con la hija de su patrón; tres años después regresó a Milán con la partitura de su primer ópera, Oberto.

Oberto fue producida en La Scala (casa de ópera de Milán) en 1839, tuvo un éxito bastante modesto, y llevó a Verdi a ser contratado para más óperas. Luego sobrevino el desastre: su esposa y sus dos hijos fallecieron. Verdi se las arregló para completar su siguiente ópera, pero ésta fue un completo fracaso y, en su desesperación, él juró no componer óperas nunca más.

Lo que lo hizo cambiar de opinión fue el libreto del antiguo Jews exiliado de su tierra natal. Verdi era un ardiente nacionalista quien anhelaba por una libre y unida Italia y vió a Jews como un símbolo de los italianos oprimidos. Rápidamente compuso Nabucco, la cual tuvo un éxito enorme.

De ahí en adelante, Giuseppe y sus óperas se volvieron un símbolo de la independencia italiana. (El grito “Viva Verdi” también defendía el slogan patriótico “Vittorio Emmanuele, Re D’ Italia” Víctor Emmanuel, Rey de Italia).

La melodía vocal expresiva es el alma de las óperas del compositor. Tienen muchos duetos, tríos y cuartetos; y el coro juega un papel fundamental. El estilo de Verdi llegó a ser menos convencional a medida que éste fue envejeciendo, recordemos el caso de Il Trovatore; sus trabajos ulteriores tienen una agradable continuidad musical, menos diferencia entre aria y recitativo, mayor orquestación imaginativa y ricos acompañamientos. Sus últimas cuatro óperas: Don Carlos, Aida, Otello y Falstaff son quizás las mejores. Falstaff, su trabajo final, es una obra maestra cómica la cual termina con una fuga despreocupada a las palabras: “Todo el mundo es una broma!” La fuerza del destino es otra obra destacada. Sus composiciones menos reconocidas son Ernani, Luisa Miller y Un ballo in maschera.

Operas de Verdi

En sus treinta, Verdi compuso Rigoletto (1853), y La Traviata (1853). A pesar de que el público las amó, los críticos estaban frecuentemente escandalizados por el tema de la ópera pues ellos parecían condenar la violación, el suicidio y el amor libre. Pero Giuseppe era ferozmente independiente y vivió abiertamente con su segunda esposa por diez años antes de casarse con ella.

Luego del éxito que le provocaron dichas obras y las cuales le hicieron rico, Verdi compró un estado en Busseto; y en 1861 fue elegido en el primer parlamento que se convocó luego de que Italia llegara a ser una nación.

En sus últimos años escribió Aida (1871), Otello (1887), y a la edad de setenta y nueve años su ópera final, Falstaff (1893).

Verdi no componía para la elite musical, sino que lo hacía para la masa pública cuyo principal entretenimiento era la ópera. Buscó temas que fueran originales, interesantes y pasionales; sobre todo pasionales. Casi todos sus maduros trabajos son serios y acaban infelizmente; ellos se mueven rápidamente e involucran a sentimientos extremos de odio, amor, celos y miedo; y su música poderosa subraya las dramáticas situaciones.

Falleció en Milán, el 27 de enero de 1901, debido a un derrame cerebral. Dejó su fortuna para el establecimiento de una casa de reposo para músicos jubilados que llevaría su nombre: «Casa Verdi», en Milán, donde está enterrado.

Su entierro causó una gran conmoción popular y al paso del cortejo fúnebre el público entonó espontáneamente el coro de los esclavos de Nabucco: “Va pensiero sull’ali dorate”.

Va, pensiero, sull’ali dorate;
va, ti posa sui clivi, sui colli,
ove olezzano tepide e molli
l’aure dolci del suolo natal!
Del Giordano le rive saluta,
di Sionne le torri atterrate…
Oh mia patria sì bella e perduta!
Oh membranza sì cara e fatal!
Arpa d’or dei fatidici vati,
perché muta dal salice pendi?
Le memorie nel petto raccendi,
ci favella del tempo che fu!
O simile di Solima2​ ai fati
traggi un suono di crudo lamento,
o t’ispiri il Signore un concento
che ne infonda al patire virtù.
che ne infonda al patire virtù
che ne infonda al patire virtù
al patire virtù!.