Fue el coronel Edwin L. Drake quien perforó el primer pozo petrolero del mundo el 27 de agosto de 1859, en Estados Unidos, logrando extraer petróleo de una profundidad de 21 metros.

Antes de la era de explotación masiva del petróleo la generación de energía se basaba en el carbón, la leña, el aceite de ballena entre otros. El petróleo era conocido e incluso se supone que hacia parte del misterioso “fuego griego” que conocieron los antiguos. Sin embargo, durante milenios, la explotación de este recurso fue bastante limitada. Con el avance de la revolución industrial, la búsqueda por nuevos combustibles se convirtió en una meta. A mediados del siglo XIX Samuel Kier comenzó a refinar y explotar pequeñas cantidades de petróleo, las cuales comercializó como reemplazo del aceite de ballena que se utilizaba en las lámparas.

Parte también de esta producción fue ofertada como medicina, pero el mercado para los productos de Kier no fue muy amplio. Fue Edwin Laurentine “Coronel” Drake (1819-1880), conocido simplemente como Edwin Drake, el encargado de encontrar en 1859 el primer pozo petrolero que dio origen a una de las industrias más importantes de la economía moderna. Si bien antes de Drake existieron otros pozos y explotaciones del “oro negro”, el hallazgo de Drake se cita como aquel que impulsó el establecimiento masivo de compañías que se dedicaron exclusivamente a la explotación del recurso. El eje geográfico de estas actividades pioneras fue Pensilvania, Estados Unidos.

Menos de diez años después del descubrimiento de Drake, el petróleo se había convertido en una fuente de energía muy eficiente y que pudo adaptarse a las nuevas demandas de la industria. Consecuente con estas dinámicas en 1870 en Ohio, un estado vecino a Pensilvania, se fundó la Standard Oil Company, la empresa que modificó por completo la explotación de este recurso. Comenzaba así la historia bifurcada del petróleo, la cual ha marcado, en ocasiones a sangre y fuego, el destino del mundo en los últimos 150 años.