El 20 de noviembre de 1910 irrumpe la Revolución Mexicana dando un vuelco a la historia del país Iberoamericano. Francisco Ignacio Madero publicó en esa fecha el Plan de San Luis Potosí, en el que denunciaba al entonces presidente, Porfirio Díaz, con la intención de derrocar su gobierno y proclamarse a sí mismo presidente.

Desde 1876 Porfirio Díaz ejercía una dictadura en México. En aquel año Díaz había levantado armas contra el gobierno federal de Sebastián Lerdo de Tejada y, a través de la elaboración del Plan Tuxtepec, le derrocó y asumió la Presidencia. Durante el mandato del caudillo autoritario el imperialismo brilló en tierras mexicanas con el control por parte de capitalistas extranjeros de los mayores recursos del país –ferrocarriles, minas y petróleo–. La pobreza del pueblo y la inexistencia de derechos sumieron a la sociedad mexicana en un profundo malestar.

En 1910 Díaz se agarró al cargo de presidente por séptima vez, no sin antes encarcelar a su opositor Francisco Madero bajo los cargos de rebelión y de ultraje a las autoridades. Cuando Madero consiguió ser liberado por el abogado Pedro Antonio de los Santos Rivera llamó a México a levantarse en una revolución nacional a través del Plan San Luís Potosí, que convocaba unos nuevos comicios. Líderes tan fundamentales para esta revolución como Pancho Villa, cuya actuación militar fue decisiva para su éxito, y Emiliano Zapata, líder militar y campesino símbolo de la resistencia, le siguieron.

El 12 de mayo de 1911 Porfirio Díaz, al verse acorralado, huyó a Europa. Comenzó entonces un periodo de guerra civil que se extendería a lo largo de 10 duros años.

Francisco Madero fue elegido presidente de México con un gobierno democrático que no se alargó. Aunque preocupado por las condiciones de vida de su sociedad, no supo satisfacer el cambio que realmente querían. Restauró la Constitución de 1857, estableció el voto popular y prohibió la reelección de presidente. Pero no fue suficiente. Las discrepancias con otros líderes de la revolución pronto provocaron levantamientos contra el gobierno maderista. Los alzamientos continuaron y el 22 de febrero de 1913 se dio un golpe de estado que acabó con el asesinato de Madero y de su vicepresidente, Pino Suárez.

El nuevo golpe, denominado Decena Trágica, estaba dirigido por Victoriano Huerta, quien días antes acordaba con el embajador de EEUU y el sobrino de Porfirio Díaz, Félix Díaz, ocuparse del cargo de presidente hasta poder cedérselo a este último. Su nombramiento como presidente y la dictadura militar que instauró, reprimiendo nuevamente democracia y libertad, alteró a otros sectores de la revolución y distanció su relación con EEUU que no compartía su forma de gobierno.

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Entre otros, los líderes revolucionarios Venustiano Carranza y Pancho Villa lucharon en una “revolución constitucionalista” por la restauración de los derechos sociales. El gobierno de Huerta realmente acabó poco después de la intervención de EEUU en México, cuando el presidente de Estados Unidos en aquella época, Woodrow Wilson, mandó la ocupación del Puerto de Veracruz.

Durante 1914 los ejércitos revolucionarios de todo el país avanzaron sobre la capital con el objetivo de derrocar a Huerta. La toma de Zacatecas en una avivada batalla fue decisiva. Tras la huida de las tropas federales en combate, Victoriano Huerta desapareció de la capital y renunció a la Presidencia del país el 14 de julio de 1914.

Tras la firma del Tratado de Teoloyucan, donde se presentó la rendición oficial del ejército federal, Carranza tomó el mando político de la mano de Álvaro Obregón y del ejército constitucionalista. Desde 1915 la lucha de poder fue paradójicamente entorno a tres de los líderes más importantes que habían dado comienzo a esta revolución apoyándose: Carranza, Villa y Zapata.

El pulso por mantener el control del país se extendió durante un año. Destacan sobre todo los intentos por parte de Pancho Villa por estropear las buenas relaciones que en aquel entonces mantenían Wilson y Carranza.

Carranza quiso evitar malestares en ciertos sectores del país que pudieran desembocar en nuevos alzamientos. De ese modo, redactó la Constitución de 1917 siendo fiel a las promesas que hizo al pueblo. La carta magna perdura hasta hoy, siendo la fuente de las normas que rigen México actualmente.

El final de la Revolución Mexicana está marcado por el asesinato de Carranza en 1920 a manos de los partidarios de Álvaro Obregón, quien se sublevó y tomó el poder. Pese a todo la violencia continuó por varios años en México, incluyendo también los asesinatos de Pancho Villa en 1923 y el del propio Obregón en 1928.