Tras la guerra que enfrentó a Italia y Turquía, la primera ocupó varios de los territorios mediterráneos de la segunda, entre ellos las regiones de la Cirenaica y la Tripolitana. Poco después, en 1912, se le reconocía internacionalmente a Italia dichos territorios como colonia, después de que ésta llevara tiempo solicitando entrar en el reparto colonial –Inglaterra no había permitido que se apoderara de Túnez anteriormente-.

Las tropas italianas, tras el Tratado de Lausana del 18 de octubre, el 19 de octubre de 1912 toman posesión de Trípoli en Libia.

Más de 100.000 soldados italianos han arrebatado a Turquía de las regiones correspondientes a la actual Libia, pero solo el Ejército Real Italiano controlará efectivamente a Tripolitania bajo el liderazgo de hierro del Gobernador Giovanni Ameglio.

tropas italianas tripoli1A la nueva colonia se le daba el nombre de Libia, estableciéndose por primera vez unas fronteras concretas de ésta. Administrativamente se mantuvo la división territorial entre Cirenaica y la Tripolitana –bajo lo que se llamó Estatuto Libio-, ampliándose también el territorio por concesiones francesas. Pese a todo, en realidad se puede decir que la administración italiana en Libia se dio solo en la flanja marítima, pues difícilmente, y de poco interés era, un dominio efectivo en lo que únicamente era arena. Las dificultes para controlar la zona aumentaron durante la Gran Guerra –con una administración colonial poco implantada-, especialmente por la continua presión de las tribus senussitas del sur, cuyo movimiento de oposición se convirtió en la conciencia nacionalista del futuro Estado libio.

Tras el fin de la guerra, el Conde de Volpi fue enviado a Libia como gobernador, el cual lanzó ofensiva con el fin de restaurar el dominio italiano sobre el territorio, a veces mediante actuaciones al margen del gobierno italiano, que apostaba más por la paz que por la represión sangrienta. No es de extrañar que el Conde de Volpi se sintiera más libre de actuar cuando el fascismo se apoderó del gobierno italiano, al cual nombraron ministro de Hacienda en Roma. Pero no se fue de Libia sin antes actuar duramente, avanzando hacia el sur. Le sustituyó en el mando el general De Bono, uno de los más destacados miembros del partido Fascista, lo que permite ver la gran importancia que daba el gobierno de Mussolini a la colonia libia, en una idea de imperialismo que había que desarrollar a toda costa. En 1932, Libia estaba totalmente pacificada, apoderándose de los remotos oasis de Kufra, dando muerte al cabecilla Gran Cheik Ornar Mutkar.

Se inició, a partir de entonces, una colonización poblacional italiana, realizándose un amplio esfuerzo para ganar al desierto tierras de cultivo, construyéndose carreteras y aeródromos. Para Mussolini, que soñaba con una especie de recuperación del Imperio romano, Libia significaba una especie de provincia, la cual había que romanizar, y en donde Tripoli, la capital, debía convertirse en la gran ciudad de esa nueva África romana. Mussolini llegó a realizar un triunfal viaje en 1937 como si de un Emperador se tratara.

El sueño pronto acabó para el fascismo. Libia, que había sido integrada al territorio italiano –dividida en cuatro provincias- antes de iniciar la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en el principal escenario africano de enfrentamiento entre las tropas de la Alemania nazi, comandadas por Rommel, y las inglesas, a cargo de Montgomery. Derrotado el primero en 1942, Libia quedó controlada por los aliados, que se dividieron el territorio. Las provincias costeras de Tripoli y Cirenaica quedaron bajo control inglés y americano. Y Fezzan quedó bajo el control de Francia, cuyo territorio pasó a depender de las colonias francesas de Túnez y Argelia.