El 24 de octubre de 1929 se desató en la bolsa neoyorquina la peor crisis financiera del siglo XX. Las muestras de debilidad de la economía y la subida artificial de los valores debido a la especulación fueron los ingredientes principales del colapso.

Aquel jueves se desató el pánico, miles de órdenes de venta hicieron que el valor inflado de millones de títulos se despeñase.

En sólo dos meses el índice de Wall Street se derrumbó más de un 48 por cien. La crisis pasó del sector financiero al industrial y de Estados Unidos al resto del mundo.

El episodio supuso el comienzo de la Gran Depresión, la mayor crisis económica del capitalismo moderno.

Jueves-negro

Estados Unidos había salido como el gran vencedor de la I Guerra Mundial. El eje económico mundial se había trasladado de Europa, casi destruida, al país americano. Esto hizo que la década de los 20 fuera una época de crecimiento en todo el país.

Nuevas tecnologías aplicadas a la producción, así como otros modos de fabricar, hicieron que la economía se disparara. Sin embargo, este crecimiento no mantuvo un equilibrio adecuado y, para la segunda mitad de la década, algunos indicadores ya marcaban que podía aparecer una gran crisis.

A esto colaboró especialmente la gran burbuja especulativa creada en las bolsas estadounidenses. Así, tras unas semanas de grandes subidas bursátiles y numerosos rumores sobre su sobrevaloración, el jueves 24 de octubre de 1929, los valores se desmoronaron. El pánico se extendió y la economía se hundió en todos los niveles.