La invasión alemana de Polonia, se inició el 1 de septiembre de 1939. Ha sido considerada el detonante de la Segunda Guerra Mundial. Antes de eso, la cuestión de Polonia figuraba entre las cláusulas secretas del Pacto de no agresión firmado entre Alemania y la URSS, en agosto de 1939. En ellas se estipulaba que el país sería anexionado y dividido en dos áreas: una para los soviéticos y la otra para los alemanes.

Las razones que llevaron a Stalin a firmar el pacto con los nazis hay que buscarlas, por un lado, en la desconfianza que le suscitaba la debilidad de la Sociedad de Naciones como dique para evitar una agresión alemana; por otro, la sospecha de que Francia y Reino Unido, embarcadas en una “Política de apaciguamiento” respecto a Hitler, temían más a la Unión Soviética que a los propios nazis, por lo que eran proclives a pactar con quienes desarrollaban una clara política anticomunista. El Pacto de Munich (1938) lo demostraba. Por lo tanto, el líder ruso consideró que los intereses de su país serían mejor atendidos pactando con los alemanes que con las potencias occidentales.

Sin embargo, ambas potencias recelaban entre sí. En el caso de Hitler, el Pacto de no Agresión constituía un mero recurso para ganar tiempo antes de llevar a cabo sus planes de invasión de la misma Rusia.

El 1 de septiembre de 1939 el ejército alemán invadió Polonia por varios puntos del Oeste. El 17 de ese mismo mes tropas soviéticas atacaban por el Este. Polonia fue rápidamente derrotada, pero, para sorpresa de Hitler, dos días más tarde, Reino Unido y Francia, en virtud de los acuerdos de ayuda mutua establecidos con Polonia, declaraban la guerra a Alemania. Hitler había cometido un error al pensar que, al igual que en acciones precedentes (remilitarización de Renania, anexión de Austria e invasión de Checoslovaquia), ambas potencias contemporizarían.

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La invasión de Polonia fue fulminante, a modo de “Guerra Relámpago” (Blitzkrieg, en alemán). Las operaciones se desarrollaron tras un rapidísimo ataque por sorpresa, en el que intervinieron fuerzas acorazadas y motorizadas, formadas por sólidas agrupaciones de carros de combate, apoyados estrechamente por la aviación. Estas formaciones irrumpieron en las líneas polacas desarticulando las comunicaciones y tomando por sorpresa a los altos mandos del Ejército. Pese a su firme oposición, a capacidad de respuesta de los polacos fue minimizada.

Por su parte, Francia y Reino Unido, a pesar de haber declarado formalmente la guerra a Alemania 2 días más tarde (3 de septiembre), no intervinieron activamente en su defensa. Varsovia capituló el 27 de septiembre de 1939 y las últimas unidades del ejército polaco se rindieron el 6 de octubre de ese mismo año. Desaparecía de ese modo la II República Polaca.

Gran parte de su población fue sometida al dominio y represión de los alemanes. Especialmente significativo fue el caso de la comunidad judía, exterminada en buena medida en los campos de concentración o fallecida a consecuencia de las inhumanas condiciones que sufrió en guetos como los de Varsovia o Cracovia.