Hoy es el aniversario del descubrimiento de uno de los fraudes más escandalosos de la historia de la ciencia: el llamado Hombre de Piltdown, un fósil que se presentó a bombo y platillo como el eslabón perdido de la evolución humana, y que finalmente resultó ser una enorme patraña. Con motivo de este aniversario, hoy presentamos la historia de éste episodio vergonzoso del mundo científico.

El “Hombre de Piltdown”

Eoanthropus Dawsoni o el Hombre de Piltdown fue hallado en 1912 por Charles Dawson en una gravera en Piltdown, Sussex. Durante 40 años estuvo expuesto con su enorme cráneo humano y mandíbula de simio en el edificio del actual Museo de Historia Natural de Londres, como un ejemplo del famoso eslabón perdido entre los seres humanos y sus ancestros los primates.

Sin embargo, el 21 de noviembre de 1953, los científicos declararon que el hallazgo, es decir, la unión de un moderno cráneo humano y una mandíbula de orangután, era una burda falsificación. Llegaron a la conclusión de que alguien había colocado adrede el conjunto de fragmentos fósiles de Piltdown, que contenía incluso una ridícula pala de cricket prehistórica.

El mundo de la paleontología se moría de vergüenza y los partidarios de la teoría de la conspiración se volvieron locos. No faltaban candidatos para el escarnio y durante las siguientes cinco décadas no dejaron de nombrarlos. En el reparto de probables bromistas potenciales en esta novela de antropología policíaca figuran aficionados entusiastas, profesionales apasionados y guasones desinteresados.

Los teóricos han llegado a señalar con el dedo a un sacerdote jesuita, el padre Teilhard de Chardin, que póstumamente se convirtió en un gurú de la New Age, y al mismo creador de Sherlock Holmes, Sir Arthur Conan Doyle, quien escribió su propio thriller paleontológico, titulado El Mundo Perdido. De lo que no hay duda es de que todo lo que se encontró en la cueva había sido colocado de manera fraudulenta por alguna mano experta.

Autor: Tim Radford