Cuando la Alemania nazi ya se había rendido y el fin de la Segunda Guerra Mundial parecía aproximarse, Estados Unidos decidió golpear a Japón con la última incorporación a su arsenal para acelerar el proceso de rendición.

A las 8:16:43 horas del 6 de agosto de 1945 el bombardero estadounidense Boeing B-29 Superfortress llamado Enola Gay, arroja la primera bomba atómica de la historia sobre la ciudad de Hiroshima (Japón).

A 250 metros del Puente Aioi y sobre la Clínica Shima, una diminuta luz roja se expandió en milésimas de segundos en una cegadora luz de colores que dejó sin vista a cientos de personas.

La bomba de uranio llamada “Little boy” (apodo de la bomba atómica utilizada en contra Hiroshima) explotó al llegar a una altura de 590 metros provocando una reacción atómica que liberó una energía de 13 kilotones (equivalente a 13.000 toneladas de TNT) y produjo un calor de aproximadamente 1 millón de grados centígrados, haciendo arder el aire y generando una bola de fuego con una onda expansiva de 800 kilómetros por hora y aunque la bola llameante solamente duró pocos segundos eliminó todo aquello que se encontrara en un kilómetro cuadrado, más de 80.000 personas murieron en el acto abrasadas o desintegradas por el calor  creando el conocido como “efecto sombra” y destruyó la ciudad hasta los cimientos penetrando hasta 5 kilómetros, echando abajo las casas y destruyendo todos los edificios en las zonas más cercanas al epicentro.

little boy
Little boy fue el resultado del ‘Proyecto Manhattan’, en el que trabajaron grandes científicos de la época como Robert Oppenheimer, Niels Böhr, Enrico Fermi y John von Neumann

Al menos 70.000 personas murieron en la explosión, mientras que aproximadamente otras 70.000 más murieron a causa de la exposición a la radiación. De los 90.000 edificios que había en Hiroshima antes de que se lanzara la bomba, sólo quedaron en pie 28.000. De los 200 médicos que trabajaban en la ciudad, 180 murieron o quedaron incapacitados para realizar su labor. De las 1.780 enfermeras sólo 150 permanecieron capaces de atender a los enfermos y moribundos.

El entonces presidente de Estados Unido Harry S. Truman justificó su decisión de utilizar la bomba atómica como una forma rápida de acabar con la guerra y una revancha contra los japoneses por el ataque a la base de Pearl Harbor y también con el fin de evitar lo que, “según él”, sería una pérdida mucho mayor de vidas. Y fue así como el 5 de agosto, mientras un bombardeo “convencional” de Japón estaba en marcha, “Little Boy”, la cual fue cargada por el teniente coronel Paul W. Tibbets en el Enola Gay en la isla de Tinian, en las Islas Marianas. La bomba tenía varias inscripciones en su caparazón, una de las cuales decía: “Saludos al emperador, de los hombres de la Indianápolis” (haciendo referencia al barco que transportaba la bomba a las Marianas).

Una impresionante panorámica de Hiroshima después de la bomba nuclear

En 1958, el Ayuntamiento de Hiroshima aprobó una resolución de condena a Truman por negarse a expresar remordimiento por usar las bombas atómicas y seguir promoviendo su uso como una situación de emergencia. La resolución dijo que los residentes de la ciudad “consideran su deber sublime ser la piedra angular de la paz mundial y ninguna nación del mundo nunca debería permitirse repetir el error de utilizar las armas nucleares”. La resolución califica la postura del expresidente como una “deshonra grave cometida contra el pueblo de Hiroshima y sus víctimas caídas.” Por otro lado, Truman respondió a la resolución de Hiroshima escribiendo una carta al presidente del Consejo, diciendo que “el sentimiento de la gente de su ciudad es fácil de entender, y yo no estoy de ninguna manera ofendido por la resolución”. Sin embargo, Truman hizo énfasis en que tomó la decisión al sentirse “apuñalado por la espalda” por el ataque a la base de Pearl Harbor que llevó a cabo Japón en contra de los estados unidos. “Como el personal ejecutivo que ordenó el lanzamiento de la bomba, creo que el sacrificio de Hiroshima era urgente y necesario para el bienestar prospectivo de Japón y de los aliados”, fueron algunas de las palabras de Truman.

El 7 de agosto de 1945, un día después de la bomba de Hiroshima, la Unión Soviética declaró la guerra a Japón y atacó en Manchuria con una ofensiva llamada “Operación Tormenta de Agosto” que costó al Ejército Imperial Japonés casi 90.000 vidas.

El 9 de agosto otra bomba atómica cayó en Nagasaki matando a otras 70.000 personas. En solamente 78 horas Japón había alcanzado tres desastres humanos. Irremediablemente el Emperador Hiro-Hito comunicó por radio a la nación la capitulación el 14 de agosto de 1945.

Los representantes de Japón en el USS Missouri antes de firmar la rendición – U.S. National Archives.

Tras el bombardeo atómico de Hiroshima sufrió la pérdida de 140.379 personas en los mismos momentos de la explosión. Debido a la radiación mucha gente falleció a lo largo de los meses, llegando la cifra a ascender hasta más de 180.000 muertos y 39.385 heridos, de ellos 9.428 graves y 29.957 leves.

Actualmente, en la zona del epicentro del bombardeo existe un Parque Memorial de la Paz y un Museo Memorial que homenajea a las víctimas y se ha convertido en un símbolo del tremendo daño que el ser humano puede llegar a causar y la necesidad de que nunca se vuelva a llegar a esos extremos.