En términos de espiritualidad, moral y costumbres, el cristianismo universal (católico) ha tenido notable injerencia a través de los siglos. Sin embargo, el decurso histórico ha evidenciado cómo el clero a menudo ha caído en graves errores y oscurantismos, pese a que la realidad del Evangelio es luz.

Para citar ejemplos, se tiene que, la inquisición fue un sistema de represión irracional en muchos casos. Además, se declaraban herejes a los sospechosos de practicar brujería, magia, demostrar abiertamente formas de vida relajadas como la promiscuidad, homosexualismo, robo y mentira.

Irónicamente, muchos papas, cardenales, obispos, sacerdotes y religiosos llevaban vidas inmorales, sin embargo pese a que el pueblo lo supiese, el mismo clero exponía, que solo los tribunales eclesiásticos tenían autoridad para juzgar o absolver a los acusados. La cosa es que, la inquisición, ciertamente acarreaba la pena de muerte, torturas y cárcel a las personas que pusiesen en duda las doctrinas e ideas que se tenían como infalibles, en materia de teología antigua y medieval.

Por otra parte, el magisterio de la Iglesia, prohibía que el pueblo tuviese acceso a la Biblia o incluso editarla, y quien se atreviese a hacerlo corría el riesgo de sufrir torturas o la muerte en la hoguera. Actualmente, ser indiferente a leer y estudiar la Biblia es visto como una conducta antirreligiosa.

Cabe agregar que, en tiempos medievales, de todas formas, la mayoría de gente era analfabeta y sólo en algunas culturas como la del pueblo judío, los varones eran alfabetizados para que pudiesen leer la Torá. En tanto, los pueblos gentiles o del Sacro Imperio Romano, recibían una pobre instrucción de fe (catequesis), de parte de monjas o frailes.

Con la apertura del Concilio Vaticano II en la década de 1960, se dio una serie de variantes y reformas, que trataron de eliminar prohibiciones sin sentido. Aun así, algunas de las constituciones y decretos conciliares fueron redactados en formas muy ambiguas lo cual se ha prestado para que en la actualidad se caiga en el libertinaje, de costumbres tanto de clérigos como de personas seculares.

Por eso, actos como el adulterio, la promiscuidad, sodomía, la presencia de clérigos con acusaciones de abusos sexuales, impiedad ante los actos litúrgicos, entre otros aspectos, ahora ni siquiera son objeto de ex comunión (en el sentido de que la mayoría de tribunales eclesiásticos muestran una posición indiferente).

En el caso de la música sacra, se ha visto desvirtuada en sus rúbricas rítmicas hasta confundirse con música netamente profana, e incluso indecente.

Actualmente, negar la verdad sacramental implica herejía, sin embargo, el actual pontificado ha pretendido someter a discusión y aprobar, que la Sagrada Comunión, la reciban los divorciados y eso sí es una terrible apostasía.

Por otra parte, se dice que, el bautismo borra del pecado original (desobediencia a Dios), pero si de verdad por el bautismo quedásemos libres de ese pecado, ningún ser humano tendría en adelante la inclinación a la maldad ni caería en tentaciones, pero eso no ocurre pues en el mundo cristiano aun abunda el pecado.

Y la única forma de apartarse del pecado es cuando cada persona se deja bautizar en el espíritu y por la gracia de Dios, por eso el Evangelio expone que Juan el Bautista dijo que, él bautizaba con agua, pero que vendría luego Jesús que bautizaría en el espíritu.

Siguiendo en esta serie de polémicas, se ha dicho que el sábado es para el hombre y no el hombre para el sábado. Esto lo indicó Jesús ante los fariseos y maestros de la ley por su hipocresía, o toda vez que atacaban a los discípulos a una serie de ritos algunos sin sentido, ni legítima devoción. Pese a lo anterior, el Magisterio de la Iglesia parece no haber entendido el mandamiento de Santificar las fiestas del Señor, o sea, considera pecado grave faltar tan solo a una Misa.

Ciertamente, debemos honrar y adorar a Dios sobre todas las cosas y eso conlleva a celebrar actos litúrgicos, pero Jesús mismo dijo: “Si vas al altar, pero tienes algo contra de tu hermano, ve primero y ponte en paz con él y luego presenta tu ofrenda en el altar”, y aquí cabe explicar que, esa ofrenda es ser partícipe del sacrificio pascual a través de la comunión de los misterios, contenido en el acto de consagración del pan y el vino que luego son verdadero cuerpo y sangre de Jesucristo.

En lo referente a los conceptos y fundamentos de la Iglesia Católica con respecto a la Iglesia Ortodoxa, actualmente algunas personas pretenden decir (basadas en la ambigüedad de algunos documentos conciliares como el decreto Orientalium Ecclesiarum), que la Iglesia ortodoxa también es católica, pero si así lo fuese, eso implicaría que la estructura del año litúrgico ortodoxo sería la misma que se da en la Iglesia Católica Vaticana, pero hasta hoy eso no es así.

Además, los patriarcas ortodoxos no están sometidos a la autoridad del Papa. Ante los aspectos anteriores entre muchos más, ciertamente, urge la convocatoria a un nuevo concilio que reforme la materia doctrinal errada, y dirima en los nuevos problemas éticos y morales, que aquejan al mundo actual.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez 
Comentarista de temas cotidianos