Un trocito de mi alma

Cada vez que leáis algo de un escritor, pensad que os está regalando un trocito de su alma, así que cuídala.

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Te odio, te odio por hacerme esclava de tus letras, te odio por atarme a tus versos, por dejarme soñar, por hacerme fuerte y a la vez vulnerable, por hacerme sentir bien cuando mi interior grita. Te odio por hacerme llorar, por hacerme sonreír, por obligarme a escribir, por no dejarme elección, porque cuando no puedo más acudo a tus brazos, porque cuando mis ojos están empañados por lágrimas y no veo las teclas, mis dedos bailan solos y buscan desesperadamente consuelo en esas palabras en las que queda plasmada mi desesperación, mi dolor, mi decepción, mi desesperanza, mi ira y mi tristeza.

A veces pienso que habría sido más feliz sin esta profesión, sin esta relación ingrata que recibe más que da, a veces, pienso que jamás debería haber escrito mi primer relato, que jamás debería haber escuchado esas palabras de admiración, porque las palabras se las lleva el viento y las guarda en un baúl que lo único que hace es ocupar un espacio que no sirve para nada.

Pero luego, pienso en lo difícil que hubiera sido canalizar mis sentimientos sin plasmarlos en un papel, me habría ahogado muchas más veces de las que lo he hecho y quizás mi sonrisa se habría vuelto agria, un alma sin vida vagando por el mundo sin saber qué es lo que le falta, buscando eso que yo quería suprimir. Sería un borrador de un relato malo contado por alguien que no encuentra eso que la complementa.

Has sido mi amiga en los momentos malos, has soportado mis iras, mis quejas, has soportado mis dedos perdidos divagando entre lo correcto y lo que siento, también me has hecho expresar con el teclado aquello que no salía de mi boca porque era demasiado doloroso. No puedo imaginarme sin sí, porque entonces no podría sobrevivir a este mundo injusto, a este mundo en el que las letras no valen nada, porque lo único que la vida te enseña es que vales según el dinero que tienes, todo lo demás son cuentos que nos preparan para ser buenas personas y soportar el yugo del poder cargado de hipocresía que se pavonea frente al que ha dedicado su tiempo y sus sueños a sus letras.

A veces, he intentado esconderte, pero los demás te buscan, otras veces he intentado olvidarte, pero me siento tan vacía que, como si fueras una adicción me apresuro a pedirte perdón y a acogerte de nuevo.

Durante toda mi vida, ha habido gente que no ha apreciado nuestra relación, ha habido gente que no entendía ni entiende que sigamos unidos, no entienden que siga amándote, que siga soñando en secreto que algún día tú y yo triunfaremos y proclamaremos nuestro amor, porque la gente que no ha encontrado sus sueños, quizás sean más libres que yo, o sean más desgraciados por no haberte encontrado. Tal vez, ellos vaguen solos por el mundo y no entiendan cómo estoy esposada a ti, no entienden por qué me caigo una y otra vez, y sin embargo, sigo adelante, no entienden que sin ti no habría luz en mi vida ni podría sumergirme en la oscuridad y salir impune de tu mano.

A veces, creo que no debería haber dedicado mis días a las letras, pero otras veces, me alegra saber que, en algún lugar de este mundo, y aunque yo no lo sepa, he ayudado a alguien que estaba perdido, porque los escritores creamos sueños para otros, creamos temores y amores para otros, quemamos nuestra alma para entregarla a otros. Porque cada vez que mis dedos escriben, un trocito de mí sale para no volver, para volar a los corazones de aquellos que leen mis artículos, mis poemas, mis novelas, o una simple frase mía en las redes.

Cada vez que leáis algo de un escritor, pensad que os está regalando un trocito de su alma, así que cuídala.

Por María Beatriz Muñoz Ruiz