Créanlo o no, los aspectos económicos debieran estar revestidos de valores espirituales o cristianos. En otras palabras, la usura, la codicia y el fraude, en nada cumplen los mandatos de Dios. Jesucristo mismo, ante la maliciosa pregunta de los fariseos de si ¿es lícito dar el tributo al César? aseveró, dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Tales frases, contienen varios significados, o sea, Jesucristo pretendió enseñar a las gentes de aquellos tiempos, que la búsqueda de los aspectos espirituales no se deben contaminar con los fríos intereses materialistas; por otra parte, en una ocasión cuando Jesús y sus discípulos llegaron a Cafarnaum se dice que:

“… los que cobraban impuestos para el templo (dos dracmas o dos denarios o equivalente al salario de dos días de un campesino) dijeron al discípulo Pedro: ¿Tú maestro no paga el impuesto para el templo? Sí lo paga contestó Pedro. Luego Pedro al llegar donde estaba Jesús, él maestro le preguntó: ¿Tú qué opinas, Simón? ¿A quiénes cobran impuestos y contribuciones los reyes de este mundo: a sus propios súbditos o a los extranjeros? Pedro les contestó: -A los extranjeros. Jesús añadió: -Así pues, los propios súbditos no tienen que pagar nada. Pero, para no servir de piedra de tropiezo a nadie, vete al lago, echa el anzuelo y saca el primer pez que pique. En su boca encontrarás una moneda, que será suficiente para pagar mi impuesto y el tuyo; llévala y págalos” (S.Mat.17.24-27).

Retomando el asunto de los impuestos para Roma, los cobradores (publicanos) eran personas mal vistas por los pueblos sometidos al Imperio, pues tales cobradores se dejaban una parte del dinero y solo reportaban otra parte, además eran tan viles que si una persona no tenía el dinero en ese momento, era despojada de todo tipo de bienes materiales e incluso de los hijos, esclavos o sirvientes.

En San Lucas 3.11-14 aparece: “…Maestro (refiriéndose a Juan el bautista) ¿qué debemos hacer nosotros?, Juan les dijo: No cobren más de lo que deben cobrar. También algunos soldados le preguntaron: – Y nosotros, ¿qué debemos hacer? (Juan) Les contestó: -No le quiten nada a nadie, ni con amenazas ni acusándolo de algo que no haga hecho; y confórmese con su sueldo.”

En el Antiguo Testamento, algunos profetas denunciaban la alteración en las balanzas, pues es sabido que la cultura de los comerciantes hebreos o judíos, siempre ha sido muy dada a esas malas conductas. Además, desde aquellas épocas los dueños de viñas y huertos explotaban al jornalero al pagarles menos, de allí que entre varias sentencias bíblicas aparece aquella frase: “no defraudes al obrero de su jornal”.

Actualmente, en el mundo la evasión fiscal y otras formas de defraudación, son problemas comunes; en los Estados Unidos implica penas de cárcel. En otras naciones, las megaempresas tienen una serie de artilugios para evadir impuestos, a veces mediante contabilidades paralelas, o sea, en una se reflejan las verdaderas utilidades anuales para luego distribuir a los accionistas, y en la otra contabilidad se muestran estados financieros que reportan iguales ingresos a iguales gastos, dicho de otra manera fingiendo quedar “tablas”.

Pero es difícil creer, que si una empresa por años consecutivos muestra esas situaciones, los accionistas vayan a permitirlo, pues no tendría sentido la operación comercial o productiva sin lucro.

Resumidamente, se puede decir que, todo comerciante o empresario debiera sostener una posición justa o dentro de la legalidad, o sea, con un valor moral y sentido solidario, para mantener el verdadero desarrollo social o integral, de un país o región.

Por: Osvaldo Corrales Jiménez
Escritor y comentarista de temas cotidianos