Un país sin ley, sin justicia está destinado al fracaso.

La constitución de cada nación empieza hablándonos de la obligación que tenemos como sociedad de establecer centros de justicia.

Una justicia lenta e ineficaz de nada sirve, sino tenemos como aplicarla tampoco ayuda mucho.

En la ley judía, una persona que se arrepiente de haber robado de todos modos debe devolver lo sustraído, si es atrapado infraganti debe incluso pagar una multa por el doble del valor de lo que se llevó.

El primer paso para la transformación humana es tener una sociedad que abogue por esos valores, que valga la pena hacer el bien y que las malas acciones tengan consecuencias.

Cuando parece que todo es lo mismo, hacer lo correcto o dejarse llevar por los impulsos difícilmente podemos encarar una transformación real y genuina.

Está en nuestras manos dar el primer paso, y ese paso, es la imperiosa necesidad de cambio individual para alcanzar un cambio colectivo y por ende una transformación.

Debemos estar conscientes, que no es lo mismo cambio que transformación, y es importante establecer un esquema, que nos permita ver cuál es la diferencia.
Todo cambio implica una necesidad de adaptarnos, frente a una resistencia de adaptación. De tal modo que cambio implica dos fuerzas que luchan frente a sí.
El cambio viene desde fuera, desde un entorno, sea éste de la índole que sea.
Por ello, todo cambio genera inercia, resistencia, miedo. Etc.

Frente a todo esto está la transformación, la incorporación del cambio, donde ya no es alguien o algo que dice que tienes q cambiar, es uno mismo, o es el colectivo que conjuntamente decide ser parte activa. Entonces no hablamos de cambio, hablamos de transformación, y poniéndola en una ecuación, cambio = necesidad – resistencia. Y la transformación es = cambio + sentido.
Toda transformación es igual a cambio con sentido, y el sentido es lo que permite ganar fácilmente la batalla al cambio.
El sentido es la fuerza que nos impulsa y que nos transforma.

Este breve recorrido entre cambio y transformación, nos da la pauta para de una manera profunda e individual empezar a gestionar estos principios, como parte de una sociedad que de forma imperativa lo necesita para generar más valor donde se fundamente la paz y la justicia.

Por: Lucy Angélica García Chica
Escritora y Poeta