Una tortuga minusválida vuelve al mar tras diez años de rehabilitación

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Llegó a las instalaciones del Centre de Recuperació d’Animals Marins con un pronóstico muy malo. Su aleta delantera derecha quedó atrapada en alta mar en los restos de una antigua red de pescadores. La insistencia del animal por desprenderse de ella le ocasionó una grave herida que le sesgó parte de su tejido. Durante días, la tortuga llegó exhausta hasta el puerto de Tarragona, donde fue rescatada del agua por un particular que la vio a la deriva. El paso del tiempo no jugó a favor de la tortuga y la herida se gangrenó, obligando al equipo veterinario del CRAM a amputarle el miembro. Fue el 29 de junio de 2006, una fecha que perdurará en los anales de la Fundación por tratarse de la fecha de ingreso de uno de los animales más entrañables que ha pasado por las instalaciones del Prat del Llobregat. Han pasado diez años y, desde entonces, esta tortuga boba ha superado todos los procesos de rehabilitación y curación que impuso el equipo veterinario.

Lunaya no es la tortuga que llegó al CRAM hace una década, su aspecto ha cambiado mucho, sus medidas se han multiplicado y hoy es un ejemplar adulto de casi 100 kilos y con un enorme caparazón. Su fuerza y peso han obligado a los responsables de la Fundación a transportarla hasta la playa en una camilla especial, una capucha y sujetada por siete personas.

El caso de Luna es un claro ejemplo de superación que también existe en el reino animal. “Un modelo con el que observamos cómo todos los seres vivos tenemos ese instinto de supervivencia que nos permite resistir a todas las inclemencias”, explica Elsa Jiménez, directora de la Fundación CRAM. “Luna ya está preparada para volver a su medio natural, disfrutar del mar y sobrevivir sin ningún problema”, explica Josep Sanjosé, auxiliar de veterinaria del CRAM, quien cuenta que “existen estudios que demuestran que otros ejemplares de tortugas marinas han sobrevivido a la pérdida de una aleta y han logrado desarrollar una vida completamente normal en el medio marino”.

Uno de los momentos más satisfactorios para aquellas personas que se dedican en cuerpo y alma a la recuperación de animales salvajes es cuando llega el momento de su liberación. Por este motivo, el centro de recuperación ha organizado una fiesta en la playa del Prat del Llobregat para despedir a quienes durante un tiempo han sido sus pacientes. Cientos de personas procedentes de diferentes puntos de Catalunya han despedido con entusiasmo a las cinco tortugas protagonistas: Lunas, Bowie, Donatello. Ona y Sami.

“Hoy es un día excepcional porque hemos podido ver cómo unos animales tan inexpresivos como las tortugas, se entusiasman y se dirigen hacia el agua con mucha alegría”, explica Josep Sanjosé, técnico auxiliar de veterinaria del CRAM. Aunque las tortugas, como Luna, lleven diez años sin ver el mar debido al tratamiento que han seguido, cuando vuelven a la playa, “el olor, el ruido y la arena les enardece de tal manera que emociona a cualquiera”, añade.

Los peligros para las tortugas

Luna fue víctima de una red, pero a diario otras tortugas fallecen por motivos diversos como impactos con embarcaciones, mutilaciones por hélices o la intoxicación con productos y plásticos que se encuentran en la superficie. Otra causa que provoca graves consecuencias en estos reptiles es el síndrome de la descompresión, que al igual que en los humanos, provoca daños en los pulmones. Esta situación suele producirse cuando las barcas de pesca las capturan accidentalmente con sus redes de arrastre. “En el caso de Donatello, la colaboración con el sector pesquero fue fundamental, ya que su sensibilidad evitó que la tortuga fuera arrastrada durante más de dos horas”, explica Jiménez.

Gracias a la colaboración de numerosos pescadores y de varios particulares diferentes tortugas han podido salvarse y volver al mar tras un periodo de recuperación. Se trata de gente que con tan sólo marcar el número de emergencias (el 112) salvaron la vida de un ser vivo en peligro de extinción.

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