Una utopía llamada democracia

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Durante la mayor parte de la historia de Colombia, la mayoría de sus habitantes han participado en un sistema político cerrado que sólo ha favorecido los intereses de caudillos y clanes familiares que se han enquistado en el poder desde la independencia. A esto, se le agrega la exclusión histórica que han padecido los coterráneos rurales. Ejemplo de estas acciones han sido las represiones campesinas, la distribución desigual de la tierra, la persecución política, la represión en las protestas sociales, los asesinatos a líderes sociales, todo esto incurre en una cantidad de violaciones a los derechos humanos y políticos de los residentes que han crecido bajo la sombra de un Estado endeble. Todos los intentos para modernizar nuestro sistema político y convertirlo en pluralista, ha sido, como muchos profesores afirman, una lucha constante para conseguir los logros que gozamos en nuestra sociedad; para citar un caso: la jornada laboral de ocho horas.

La idea principal de la democracia, es la representación política igualitaria de todas las necesidades y demandas por igual para todos los habitantes que se someten a ella. Sus instituciones representan la voluntad de todos, a la vez, los ciudadanos participan en lo público y ejercen su derecho a votar periódicamente. Por otro lado, todo este proceso es una amalgama de supuestos en el cual la política es ejercida por todos y todas, y no está marcada por ningún factor que induzca a la desigualdad (Przeworski, 2010).

No obstante, el caso es distinto cuando se habla de la realidad. En Colombia, las divisiones sociales, económicas y políticas propician un ambiente desigual que evita el pleno desarrollo de la democracia. La democracia, como sistema político, aboga por la solución pacífica de los conflictos, claramente ésta ha sido una utopía. No sólo por los conflictos bélicos que se han presentado en la vida política del país, sino también por las instituciones excluyentes que ésta tiene y ha tenido a su disposición. Los niveles de pobreza en la que se encuentra la población que vive en la periferia de Colombia son alarmante, sobre todo, porque han sido marginados, y en muchos casos, víctimas del conflicto armado.

Hablar de democracia implica citar ejemplos concisos donde ésta demuestra su plena realización. Sin embargo, Colombia es un país de “democracia” sin demócratas, a esto aluden muchos académicos de las ciencias sociales que explican la participación política que se dio a principios del siglo XX. Reformas laborales y constitucionales, represiones políticas, asimismo elecciones presidenciales compradas junto a un clientelismo exacerbado que se puede notar cada vez que hacen elecciones locales y nacionales, son apenas uno de los síntomas de la corrupción y su debilidad institucional que acarrea la “democracia” colombiana.

Sentado varios argumentos, es menester saber que la democracia, como orden político-social conlleva una serie de valores que se instituyen en la educación.
Respecto al caso de Colombia, si se mira la calidad educativa pública, se pude notar una gran falencia, muchos jóvenes en las actuales escuelas desconocen las mínimas normas cívicas, otros no saben siquiera qué es democracia, a eso se le añade que la educación pública no está al nivel de una privada. Todo esto hace parte de la construcción social desigual, donde gran parte de la población no tiene las capacidades para influir en lo público, ni tampoco las herramientas para instruirse.

No importa cuántos adjetivos se le acomode a la democracia, ésta no está presente en su máxima expresión en ninguna nación. En efecto, los grados de pluralismo que han optado los estados modernos, ha sido posible gracias a la participación ciudadana en lo público, esto implica un reconocimiento a la democracia como un objetivo plausible, necesario de alcanzar y fundamental para resolver los conflictos humanos.

Fuente: Przeworski, A. (2010). Qué esperar de la democracia. Límites y posibilidades del autogobierno. Argentina: Siglo Veintiuno Editores.