Naturalmente tenemos: padre, madre, abuelos y abuelas, hermanos, hermanas. Todos conforman la esencia familiar de la viviente colectividad humana; pero no todos tenemos la regalía de crecer con amor de los padres y lozano cariño de abuelos y hermanos. En algunas oportunidades muchos carecemos del amor y calor familiar y todo por razones absurdas que hacen cuando los padres son jóvenes, sinónimos de inmaduros, y también hay hijos que crecen con padre y madre y no aprecian el esfuerzo que hacen por el bienestar de ellos. Es inadmisible que los padres en su plena mayoría de edad, sean despreciados exclusivamente por sus descendiente, al hacer esto estás reafirmando el inicio de un porvenir de verdadero precipicio.

La gallardía de todas las familias se encuentra en la unidad familiar, donde la participación de todo lo que emprendan sea bilateral, donde los padres sean responsables de educar escrupulosamente a sus hijos, desde que estos comienzan a dar sus primeros pasos, nunca se les olvide que son los maestros por excelencia que podemos tener. Eduquemos a los niños con excelsos modales y fabulosa disciplina, enseñémosles a no odiar, no guardar rencor, no ser egoístas con el pariente… Eduquémoslos a que se ganen el dinero honradamente, se debe procurar con caución, a no dejarlos que anden con amistades que viven ciegos y desperdicio íntegro en el recorrido de sus vidas.

Muchos de los que viven un mundo lóbrego, a veces por abandono de familia, son personas de sentimientos y pensamientos carentes, que no saben vencer los retos vivientes de su presente, para superar los momentos difíciles de esta supervivencia debes aprender a ser arriesgado y aguerrido y tu optimismo debe ser consistente.

Los colores de nuestra vida son variados, conforme el paso de los años descubrimos cada pigmento de nuestro hálito, en algunos hogares de familia, desconocen unión familiar, lo que sí desarrollan en grandeza es desavenencia, les fascina vivir en disputa, porque coexistir en lo nublado, habiendo multitudes de claridades; se destacan en compartir aversión.

Exploren por cada miembro de familia la hermosa virtud que poseen, vivamos en lleno sosiego, donde nos perdamos de paz ya que esta la estamos alejando de nuestra vida, así como se esconde el sol en cada atardecer. Por la respiración que hoy tenemos vivamos en celebración y unión consanguíneo, seamos intérpretes de la tranquilidad que necesita la actual sociedad. Trabajemos para que en nuestra casa no exista la desigualdad, que permanezca para siempre la hermandad innegable.

Por: Carlos Javier Jarquín
Carlos Javier Jarquin
Escritor y poeta