Para bien, dicen las Escrituras, la Esperanza permanecerá, y es esa la Esperanza que nos lleva a pensar que en “La Heroica” no todo está perdido muy a pesar que con este apelativo con el que se ha creído se le ha honrado nada tiene de grandioso ni glorioso, ha sido para la ciudad, por el contrario, como un estigma que marcó su fatalidad después de aquel inhumano Sitio con el que Morillo pretendió reconquistarla.

También la llaman últimamente dizque “La Fantástica”, pero este agraciado remoquete es poco lo que ha logrado hacer mella positivamente sobre lo que en la realidad ha sido el de “Heroica”, el que a cuestas y como pesada cruz ha cargado durante muchísimos años.

Durante los años en que se han elegido popularmente alcaldes de Cartagena, o han llegado encargados o designados para gobernarla, la ciudad fue cayendo, casi que de manera vertiginosa, en un estado de postración administrativa que la fue llevando a un progresivo estado de penurias e infortunios que sólo gracias al alcalde electo, William Dau, y a su equipo de empalme, pudimos conocer de primera mano en su reciente informe acerca del estado de anarquía, caos y desgobierno en que recibe la administración de la ciudad.

Pareciera que entre 1988, año en que se dio la elección del primer alcalde popular de Cartagena, y mayo de 2018, cuando se produjo la escogencia de Antonio Quinto Guerra como mandatario atípico, la ciudadanía hubiera ido cayendo de manera progresiva en un estado de desesperanza y desilusión donde lo mismo daba votar, que no votar; o votar por candidatos a alcaldía y cuerpos colegiados por una prebenda o dádiva, no importando la calidad ni lo orígenes del aspirante. La frustración y el desengaño era total. No había esperanza alguna.

Pero en estas últimas elecciones locales, Cartagena, como muchas otras ciudades de Colombia, despertó y decidió despojarse y arrojar la pesada cruz de corrupción que la ha llevado al estado de postración administrativa, social y económica a la que fue llevada por quienes, desde el Palacio de la Aduana, sede desde donde despacha el Alcalde de la ciudad; y por quienes lo hacen como Concejales desde el Edificio Galeras de la Marina, en la calle del Arsenal del barrio Getsemaní.

Indiscutiblemente el periodo de transición que se inicia este primero de enero con el mandatario escogido en mayoría, por los cartageneros, el doctor William Dau Chamatt, por no ser fácil requerirá de manera decidida del apoyo ciudadano, del apoyo de los que quieren el bien de la ciudad, y eso puede ser posible si se toma en cuenta el respaldo que se vio con la nutrida asistencia que acudió a la convocatoria para conocer algunos pormenores de los hallazgos, desastrosos, de la Comisión de empalme del nuevo alcalde.

Y será muy dura la lucha contra la corrupción y el desgobierno porque los viudos de poder, los que pensaron seguir con el mismo modelo de gobierno, y los que todavía no aceptan la derrota, lucharán y darán la batalla para regresar y seguir gobernando, o mejor, seguir saqueando la ciudad con sus compinches; algo para lo que está preparado el nuevo gobierno.

Pero a pesar de todo, son tiempos de Esperanza, tiempos de refrigerio para la ciudad; tiempos para recuperar la gobernabilidad y procurar la elevación de la calidad de vida del ciudadano, el fin último de los gobiernos.

Por los lados del nuevo gobierno de Bolívar, se espera del nuevo mandatario que honre las palabras que expresó en su alocución por Youtube en el momento de los audios de la doble W, cuando dijo desligarse de los errores de su padre.

Por: Álvaro Morales
alvaro morales 2018