Para evolucionar, primero tenemos que vivir experiencias y luego extraer el aprendizaje de ellas. Cabe entonces hacernos algunas preguntas: ¿de qué serviría darnos cuenta de las cosas si no generamos otras opciones? ¿Por qué si existen millones de posibilidades, seguimos haciendo las mismas cosas?

Es probable que hayamos escuchado a un amigo o a un familiar decir que quiere escribir un libro, pero que lleva años y no lo han hecho porque tienen mucho trabajo, pero que tratan de escribirlo “en su tiempo libre”; o sea, por las noches o los fines de semana cuando están exhaustos. Cuando me han comentado ese propósito les he dicho, desde nuestro punto de vista, no puedes hacer un libro en “los ratos que te sobran” porque no le estas dando valor a la creatividad y que además se requiere tiempo para explorar, generar ideas, disfrutar y finalmente escribir.

También les he dicho, y lo seguiré diciendo, que para que una persona desarrolle algo novedoso ante lo rutinario, necesita “parar” lo que cotidianamente hace, aclarándole que “parar” tiene un precio, pero que resulta más caro no detenerse nunca. No solo es necesario darse tiempo para escribir un libro, sino que para llevar a cabo cualquier proyecto que realmente se considere importante hay que poner en practica la creatividad.
Hay varias personas que me han comentado que definitivamente no son creativas, y les pregunto que como lo saben, si ni siquiera han invertido tiempo para descubrir el potencial creativo que está contenido en cada uno de ellos, y he descubierto que a lo largo de nuestras vidas hemos olvidado esa hoguera de ideas que nos hacía querer ser astronautas o crear juguetes o ver dragones.

De alguna forma los adultos fueron haciéndonos creer que la vida era una cosa demasiado seria y aconteció que como dejamos de jugar, no solo se nos fue desapareciendo la imaginación sino que dejamos de soñar, de generar, jugar, provocar, desafiar, y lo peor fue que con la educación tradicional en las escuelas nos enseñaron fue a memorizar, a analizar y a ser sicorrigidos, y de esa manera nos fuimos oxidando tanto que se nos olvidó ser creativos.

El Alemán Albert Einstein dijo que interrumpió su educación cuando entró a la escuela y que la imaginación era más importante que el conocimiento. De acuerdo a este pensamiento, para que volvamos a ser creativos debemos enfocar nuestra atención y energía en generar nuevas ideas, de lo contrario seguiremos condenados a hacer más de lo mismo. Hace aproximadamente treinta (30) años el paradigma era: “trabaja, trabaja y trabaja y llegaras al éxito”; pero ahora producto de la evolución de las épocas vemos que si sólo trabajamos no iremos a ninguna parte, cuando mucho al hospital por exceso de estrés, y sentiremos frustración al ponerle tantas ganas a lo que hacemos rutinariamente pero que no avanzamos. Trabajar no es suficiente, también hay que saber detenerse, aprender y desaprender, ser creativos, innovadores y también estrategas.

¿Cuántas personas que están leyendo este escrito se consideran creativas? Me atrevo a escuchar virtualmente las respuestas. La mayoría considera que no lo es. Pero tranquilos porque yo les digo que sí lo son; sin embargo, lo que necesitan es rehabilitarse; es decir, ejercitarse, moverse, rescatarse y reeducarse toda esa parte creativa que se durmió, pero que aún existe en ustedes.

Finalmente les propongo cuatro áreas con las que pueden “re-despertar” su poder creativo. La primera es que te conviertas en un ser del todo (holístico), no en especialista; la segunda, “generar entornos creativos”; la tercera, “estimular tu imaginación y pensamiento analógico, y la cuarta; “influir en la realidad con tu imaginación. Si lo practican volverán a ser creativos.

Por: Gustavo Morales De León
Gustavo Morales De León