En este episodio clave de la Batalla de Kursk —y uno de los decisivos en la Gran Guerra Patria—, las tropas soviéticas no permitieron que la Wehrmacht —las fuerzas armadas unificadas de la Alemania nazi— llegaran a la ciudad de Kursk. La operación Ciudadela falló.

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Una ciudadela inaccesible

En el verano europeo de 1943, el mando alemán decidió atacar el llamado saliente de Kursk, formado como resultado de una ofensiva invernal y la retirada forzosa del Ejército Rojo durante una operación defensiva de la ciudad de Járkov —ciudad en la parte oriental de Ucrania.

“El saliente de las tropas soviéticas se quedó a cerca de 150 kilómetros dentro de las defensas del enemigo y tenían un frente con una longitud de aproximadamente 550 kilómetros.”

Los alemanes querían aprovecharse de la posición del Ejército soviético para rodear y destruir sus tropas. La esencia de la operación ofensiva Ciudadela era llevar a cabo dos golpes simultáneos poderosos desde el norte y desde el sur. Una victoria permitiría a los alemanes volver a amenazar a Moscú.

Cabe recordar que su intento de conquistar la capital de la URSS, que tuvo lugar entre octubre de 1941 y enero de 1942, resultó en un fracaso total.

Para alcanzar su objetivo en la batalla de Kursk, el Ejército de Hitler posicionó cincuenta divisiones en las afueras de dicha ciudad, es decir, más de 900.000 soldados, casi 3.000 tanques y cañones de asalto, 10.000 obuses y morteros.

A las legiones blindadas de los nazis les cubrían 2.000 aviones, incluidos los novedosos cazas Focke-Wulg Fw 190A y aviones de ataque a tierra Henschel Hs 129.

“No obstante, la inteligencia militar soviética logró descubrir los planes del Ejército nazi de lanzar una ofensiva a gran escala.”

El Cuartel General del Ejército Rojo tomó la decisión de empezar de inmediato los preparativos para la defensa de Kursk con tal de hacer daños insostenibles al enemigo en el marco de la batalla e iniciar una contraofensiva estratégica.

La tropas que defendían la zona de la ciudad de Kursk estaban compuestas de unidades de dos frentes enteros, Central, de Vorónezh, y una parte del Frente Estepa.

En total, la operación contó con la participación de casi dos millones de personas, más de 26.500 cañones y morteros, y casi 5.000 tanques; incluidos unidades de reserva.
Además, la batalla fue protagonizada por casi 2.200 aviones de la Fuerzas Aéreas de la URSS y otros 500 en reserva.

“La operación Ciudadela arrancó el 5 de julio. Desde los primeros días de la batalla las tropas del Frente Central exasperaron y agotaron al grupo de choque principal del enemigo en la parte norte del saliente de Kursk de ahí que detuvieran su avance.”

Entretanto, las tropas del Frente de Vorónezh derrotaron a las unidades principales nazis del Grupo de Ejércitos Sur.

Las tropas nazis trataron de tantear la defensa soviética, por lo tanto llevaron a cabo ataques masivos a lo largo de la línea del frente entera.
En particular, enviaron 500 tanques rumbo a la ciudad de Kursk con la intención de atacar a la retaguardia del Frente Central. Sin embargo, el Ejército Rojo consiguió deshabilitar cerca de 300 carros de combate enemigos aquel día.

La Wehrmacht continuó atacando a pesar de que estaba sufriendo bajas significativas. Su objetivo era encontrar un punto débil en el Frente de Vorónezh. Para la noche del 9 de julio los nazis habían logrado avanzar hasta 35 kilómetros en las líneas de defensa de las Fuerzas Armadas de la URSS.

Hierro y fuego

Después de sufrir varias derrotas tácticas los alemanes trataron de abrirse camino hacia Kursk desde el sureste, en el área de la localidad de Prójorovka. Esta ofensiva fue protagonizada por dos cuerpos de tanques nazis que contaban con una gran experiencia de combate.

Uno de ellos fue el Segundo Cuerpo de tanques de las SS, compuesto de varias divisiones de élite: Leibstandarte SS Adolf Hitler, Das Reich y Totenkopf.

El área de Prójorovka fue defendida por la 183 División de Infantería y el Segundo Cuerpo de tanques soviéticos. No obstante, estas unidades sufrieron daños después de haberse sometido a ataques masivos de la aviación nazi el 10 y el 11 de julio.

Con tal de impedir a los siguientes avances del enemigo el mando militar soviético preparó un potente contraataque. Encomendaron dicha tarea al Quinto Ejército de tanques de la Guardia soviética, bajo el mando del general teniente Pável Rotmístrov.

Para fortalecer el contraataque el mando militar decidió incluir otras unidades de tanque al mando del Ejército de tanques de Rotmístrov.

Como resultado, en una franja de varias decenas de kilómetros hubo una concentración enorme de vehículos blindados de combate y cañones autopropulsados: 700 del lado de la URSS y casi 500 del lado de la Alemania nazi, incluidos cañones de asalto.

“En la madrugada del 12 de julio, antes del inicio de la ofensiva del Ejército Rojo, su artillería bombardeó las posiciones de los nazis. Luego, el Quinto Ejército de tanques se dirigió hacia las posiciones de la División Adolf Hitler.”

No obstante, la parte soviética disponía de los tanques medios T-34 con cañones del calibre 76mm, lo que fue insuficiente para perforar los blindajes de los tanques alemanes pesados Tiger.

Los vehículos blindados de combate de los nazis mayormente salían victoriosos en los duelos con los tanques de la URSS, pero los T-34 soviéticos, a su vez, tuvieron una ventaja en su velocidad y alta maniobrabilidad.

El Ejército Rojo se enfrentó a la bien preparada defensa alemana antitanque y esta respondió al avance de las tropas soviéticas con fuego de artillería denso. Al mismo tiempo, el ataque soviético se sometió al bombardeo de centenares de aviones enemigos.

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Punto de inflexión

El enfrentamiento sangriento cerca de la localidad de Prójorovka duró el día entero. El campo de batalla estaba cubierto de cuerpos de los fallecidos; centenares de tanques deshabilitados estaban en llamas.

“Solo se pudo oír el sonido metálico de las orugas, explosiones de bombas y el estruendo de los cañones, mientras tanto, el cielo estaba envuelto en humo y pólvora. La tierra ardía y temblaba.”

Las confrontaciones armadas cerca de la localidad de Prójorovka continuaron hasta el 16 de julio. Los nazis no consiguieron quebrar las defensas soviéticas por lo cual el Grupo de Ejércitos Sur alemán regresó a sus posiciones iniciales. Como resultado, ninguna de las tareas logró sus fines.

Los alemanes abandonaron la idea de conquistar Kursk de ahí que la operación Ciudadela terminara en un fracaso total para ellos. Al mismo tiempo, el Ejército Rojo tampoco alcanzó su objetivo de derrotar por completo al enemigo.

Para el 23 de julio las agrupaciones de los frentes de Vorónezh y de Estepa llegaron a las posiciones que habían sido controladas por las tropas soviéticas antes del inicio de la operación.

Para el 3 de agosto el Ejército Rojo ya había empezado una contraofensiva en la dirección Bélgorod-Járkov.

En general, la batalla de Kursk fue un momento crucial en la Gran Guerra Patria —la guerra soviética contra la Alemania nazi de 1941-1945.
Las unidades más potentes y experimentadas de los invasores salieron significativamente debilitadas.

De acuerdo con los datos de la URSS, las tropas de la Alemania nazi perdieron 30 divisiones, incluidas siete de tanques, 1.200 vehículos blindados de combate y cañones de asalto y 1.500 aviones.
Según estas estimaciones, más de 500.000 efectivos del Ejército de Hitler perdieron sus vidas.

La batalla de Kursk proporcionó condiciones favorables a la ofensiva estratégica del Ejército Rojo.

“Alemania y sus aliados se pusieron a la defensiva en todos los teatros de la Segunda Guerra Mundial y empezó la disolución del bloque nazi.”

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