Nunca desaproveches tu tiempo en lo que realmente no aporta nada agradable para continuar creciendo en tus proyectos, como por ejemplo: invertir excesivo tiempo en mirar televisión de contenido inapropiado. Dedicarle mucho tiempo a la diversión todos los días no es correcto. Navegar en las redes sociales por varias horas al día lo único que te dejará es enorme mediocridad. ¿Qué haces con tu tiempo? ¿Qué fue lo mejor que  hiciste en el transcurso de este año? ¿Cuánto lograste avanzar en tus proyectos?. Deseo que hayas recorrido mucho en tus objetivos, en esta carta leerás lo que el año viejo te dijera si hablara, en esta misiva el año viejo en sus últimos días le expresa al hombre lo lindo que fue para él ser parte de su historia; el hombre con mucha honestidad le responde, pero su carta ya no fue leída.

Año viejo: Me voy quizás no apreciaste los momentos que con mucho cariño compartí junto a ti, hoy me marcho y me llevo gustosos recuerdos que compartimos juntos. No sé, si valoraste mi presencia en tu vida, espero hayas disfrutado mi estadía en tu vida, tu presencia en mi vida vivirá siempre en mi memoria.  Nunca olvidaré cada segundo que compartí contigo, hiciste de mi vida algo muy especial, el haberte conocido  fue lo más dulce que  viví en mi historia. Hoy me voy y, me voy para siempre, ya no podrás ver la luz de mis ojos, nunca más te deleitarás  con mi cálida sonrisa, que con muchísimo placer te otorgué, si no aprovechaste mi presencia en tu vida lo lamento; yo desde el principio supe que no venía a quedarme para siempre, por eso disfruté cada instante que el universo me concedió junto a ti.

En estos últimos segundos aprovecho para plasmar lo mucho que te aprecié desde que llegaste a mi vida. El tiempo se ha desplazado con máxima  velocidad, me he sorprendido que mi estadía en tu vida ha claudicado. ¿Qué hiciste con mi presencia? Espero que haya sido de valiosos éxitos. Quizás has crecido en un ambiente donde te han mimado con grado exagerado, a lo mejor eres de las personas que todo lo dejas para mañana, con esa clase de filosofía nunca podrás alcanzar las metas que emprendas, a lo mejor por estar pendiente de lo que hace tu vecino o de lo que publican tus amigos en el mundo virtual, no te diste el tiempo para aprovechar mi tiempo en tu vida, y hoy es tarde. Con gran aprecio te  sugiero: ama con fina cautela a quien llegue a tu vida después de mí, atesora su presencia con belleza singular… Cordialmente el año viejo.

El hombre: Año viejo, con pausada meditación  he leído tu carta, tu mensaje me ha hecho reflexionar profundamente, estoy asombrado por tu rápida partida, desearía detener el tiempo pero eso es imposible, lo único que hoy puedo hacer es recordarte con solemne maravilla, desde que llegaste a mi vida le diste otro tono a mi existencia. ¿Qué hice con tu presencia?  Contigo viví un peldaño brillante; reí, lloré, aprendí, fallé e intenté hacer lo mejor, pero quizás si hubiese sido más aplicado, disciplinado y responsable conmigo mismo, hubiese logrado más en todo lo que emprendí desde que tú llegaste. Tu magnífica permanencia en mi vida la llevo tatuada en mi mente, debo confesar que a pesar que en algunos episodios viví tristezas que destrozaron mi corazón, eso me ayudó a valorar con distinguido realce a mi entorno.

Las vivencias que vivimos cotidianamente nos dejan enriquecedoras enseñanzas, especialmente las “desagradables”, si sabemos enfrentar esas circunstancias, viviremos una vida significativamente sobresaliente. Desde este momento adoptaré fielmente el hábito de aprovechar con eminencia cada minuto de mi respiración, quiero que mi nombre y apellido sea de referencia e inspiración para todo el que conozca de mi existencia. Vivir por vivir, es vivir con exceso brillo de incoherencia, llegamos a este mundo sin nada y nos vamos sin nada, pero durante nuestra presencia en este mundo debemos trabajar apasionadamente en lo que nos fascina, para dejar una huella que pueda resplandecer con excelso fervor a las personas que se den el tiempo de conocer nuestra trayectoria.

Por: Carlos Javier Jarquín
Carlos Javier Jarquin
El chico poeta