Un grupo de científicos de la Universidad de Columbia (EE.UU.) reveló por qué una zona del océano Pacífico conocida como la lengua fría ecuatorial no se calienta como el resto de las aguas a nivel mundial, según un artículo publicado este lunes en la revista científica Nature Climate Change.

Esta zona, ubicada a lo largo del ecuador y que se extiende desde Perú hasta el Pacífico occidental, se mantiene fría gracias a los vientos alisios en la región, que alejan el agua caliente de la superficie, hecho que fomenta que las aguas más frías se eleven desde las profundidades.

«Los vientos alisios soplan de este a oeste a través del océano Pacífico tropical», afirmó a Newsweek Richard Seager, investigador de esa institución educativa y autor principal del estudio. «Debido a la rotación de la Tierra, los vientos impulsan las aguas» hacia el norte y el sur del ecuador. Según Seager, la lengua fría ecuatorial se crea porque cuando «las aguas son expulsadas del ecuador el agua se bombea desde abajo», lo que genera «que las aguas bajo la superficie estén frías».

Desajuste climático.

Según el medio estadounidense, a pesar del efecto de estos vientos, esta zona ha desconcertado a la comunidad científica desde hace mucho tiempo, porque los modelos avanzados de ordenador sobre el clima sugieren que las aguas de la lengua fría ecuatorial deberían haber estado calentándose durante décadas a un ritmo mayor que las del resto del Pacífico. Esto último debido al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. No obstante, los datos demuestran que las temperaturas se han mantenido relativamente bajas y estables.

De acuerdo con el reciente estudio, el comportamiento observado en esta zona puede ser compatible con los modelos de calentamiento global. «El desajuste entre los cambios observados en la temperatura de la lengua fría en las últimas décadas y los modelos es bastante sorprendente», señaló Seager, quien indica que esta zona debería haberse calentado 0,8 grados centígrados o más durante los últimos sesenta años, pero solo lo ha hecho la mitad.

Mediante simulaciones informáticas, los científicos han descubierto que las lenguas frías tienden a orientarse hacia entornos ecuatoriales «que tienen una humedad relativa demasiado alta y velocidades de viento demasiado bajas», lo que provoca que la temperatura de la superficie del mar sea «muy sensible al aumento de los gases de efecto invernadero», hecho que no ocurre en la vida real gracias al agua fría que emerge desde abajo.