El movimiento völkisch (principio Abascal)

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Ya en un pasado que muchos han olvidado, que ha quedado aparcado en el mejor de los casos a los “aburridos” libros de historia que muchos han optado por aparcar en los rincones del olvido.

Era la noche del 9 de noviembre de 1938 y un un estallido de violencia contra los judíos en todo el Reich. Parecía imprevisto, provocado por la furia de los alemanes por el asesinato de un funcionario alemán en París en manos de un adolescente judío. Pero la realidad era muy distinta, el ministro de propaganda alemán Joseph Goebbels y otros nazis habían organizado cuidadosamente los acontecimientos y los grupos. En dos días, más de 250 sinagogas fueron quemadas, más de 7.000 comercios de judíos fueron destrozados y saqueados, docenas de judíos fueron asesinados, y cementerios, hospitales, escuelas y hogares judíos fueron saqueados mientras la policía y las brigadas de bomberos se mantenían al margen.

¿De dónde procedía esa violencia inusitada? La raíz procedía de la utilización de movimiento völkisch que no era nada nuevo, pues procede del siglo XIX, en el que se englobaban personajes del mundo de la cultura y de la sociedad como Richard Wagner, Hermann Hess, Carl Jung, etc….

El ministro de propaganda alemán Joseph Goebbels pronuncia un vehemente discurso antisemita ante los fieles miembros que atienden absortos.
“Yo soy partidario de la discriminación”: “Los inmigrantes llegan a robar, a agredir a los españoles”; Que nuestras abuelas puedan caminar por las calles sin que un delincuente, mayoritariamente extranjero, le tire del bolso”; “Queremos que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado puedan hacer uso legítimo de sus armas. Si tenemos que decidir entra la vida de un funcionario de prisiones o la vida de un preso musulmán el que se va a la tumba es el preso musulman”

Palabras de Vox

¿La verdad que no podrían ser palabras que , si cambiásemos inmigrantes por judíos, hubiesen sido perfectamente válidos en ese momento?.

Fue el movimiento völkisch el que sirvió de sustento cultura e ideológico al pangermanismo y al nazismo. Como ciudadanos libres podemos elegir vivir en una sociedad diversifica y culturalmente más rica. Estamos en nuestro derecho como ciudadanos libres de una democracia.

No debemos permitir sustituir la democracia por aquellos experimentos políticos que pretenden erigir a los gobernantes en arquitectos de la sociedad, en aprendices de estadistas que se meten en nuestras alcobas para decirnos en qué idioma tenemos que gemir cuando amamos, y con quien amarnos, en el sentido carnal, al prójimo. Por sorprendente que parezca, no son pocos los “arquitectos sociales” que, dispuestos a dinamitar nuestro presente para uniformar y calafatear de negro nuestro futuro, recurren a un pasado idílico sobre el que justificar sus desvaríos. Algunos vuelven a alimentar un pasado histórico que nunca murió, a pesar de la democracia.

La Historia no es una línea que va desde el ayer hasta el hoy en la que se puedan fijar periodos definidos. Son periodos difusos en largos periodos de años. La verdad es que ningún suceso histórico puede entenderse sin sus causas y sus consecuencias. Todo hecho tiene un antes y un después sin los cuales resulta imposible conocerlo, analizarlo y valorarlo en su justa medida. Es la extrema derecha, el conservadurismo extremo, los que acostumbran a establecer momentos definitorios para su justificación.

¿Es motivo suficiente para desdeñar, para arrinconar todas aquellas ideologías que retornan con fines asuetos? No sólo son los gobernantes, sino la sociedad civil la que debe ser la protagonista y el agente principal para ese trabajo no lo olvidemos.

La causa de este resurgimiento de esta extrema derecha es a grandes rasgos la conjunción de pangermanismo, pseudohistoria, supremacismo racial y posiciones xenófobas lo que configura sus bases ideológicas. Todos estos elementos ya presentes en la ideología völkisch, que no sólo se limitaba a interpretar el pasado, sino que pretendía, que pretende construir un futuro en función de los cánones de los ideales del renacido fascismo.

Por: José Luis Ortiz