Encuentro con la plenitud

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¡Sí, seré siempre un gandul,
lo cual aplaudo y celebro,
mientras sea mi cerebro
jaula del pájaro azul!
Rubén Darío (Diciembre, 1886).

Conversando con la escritora y periodista Karly Gaitán Morales, para tramar un texto para la primera edición en español de este libro que se publicó en México en 2012, con motivo de los 70 años del escritor Sergio Ramírez Mercado, llegamos sin dificultad a la conclusión de que, como en el cuento de Rubén Darío, todos tenemos un pájaro azul en nuestras cabezas. Mucho ha volado el pájaro azul desde entonces, hasta el día de hoy en que ya en 2019, actualizo aquel prólogo, hoy para la edición norteamericana, con incorporaciones que son un homenaje a la producción literaria de uno de los escritores más prolijos en castellano, sin que esta afirmación vaya en menoscabo de la enorme cantidad de traducciones de las que merecidamente gozan sus obras. Las obras, me atrevo a decir, de un Premio Nobel de Literatura en ciernes, respaldado por la calidad y diversidad de su —nuestra— literatura.

A Karly, a mi, a todos los lectores de Sergio, ese pájaro de lo inconmensurable nos ha seguido persiguiendo a través del tiempo y ya no encerrado en jaula, sino en libertad total, en multiplicidad de géneros, desde los policiacos hasta los cuentos para los niños que somos, dejamos de ser y seguimos siendo en sus tres libros: El perro invisible (2006); La jirafa embarazada (2013), y Los pájaros que se escaparon del cuadro (2019), libro que me toca por suerte presentar en el Festival Centroamérica Cuenta, que no podrá realizarse este año en Nicaragua por razones políticas y que se realizará en Costa Rica a mediados de mayo de 2019. Ahí estaré como un pájaro azul escapado del cuadro.

El pájaro azul de la creación es incansable, y a aquella muchacha, Karly, de la que fui su primer editor en jefe cuando se inició en el periodismo cultural, el pájaro la continúa revoloteando. Un pájaro azul de la que, gracias a la influencia de Sergio la sigue liberando, dándoles nuevos rumbos en sus vuelos, nuevos rumbos en la creación, como a tantos discípulos que tiene este maestro. Y es que la pasión por las letras de esta autora se identificó plenamente con la rigurosidad y a la vez alegría del oficio del escritor nacido en Masatepe el 5 de agosto de 1942, quien es siempre nutrido por la poesía, según él le manifiesta en este libro a Karly: “Cuando estoy escribiendo una novela dejo de leer novelas. Leo poesía, porque el lenguaje se siente mucho mejor, volviendo a mis poetas preferidos, leyendo poesía para meterme en un lenguaje literario a la hora de escribir… Leo poesía para escribir novelas”.

Sergio Ramírez se inició como poeta. Poemas suyos están en los primeros números de Ventana, la revista que en la década de los sesenta dirigiera con Fernando Gordillo. Pero es más, en el primer libro Cuentos de Sergio, con ilustraciones de Leoncio Sáenz, publicado con impecable gusto tipográfico por Mario Cajina Vega en su Editorial nicaragüense el 30 de septiembre de 1963, el prologuista es nada menos que el escritor y entonces rector de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, doctor Mariano Fiallos Gil, quien exaltando estas y otras cualidades de su pupilo, escribe: “Ahora tenemos aquí a Sergio Ramírez, poeta, cuentista y organizador. Él dirige la revista Ventana y se ha desarrollado en el ágora universitaria. Cuando llegó por primera vez un poco antes de que la matanza del 23 de julio de 1959 hiciera madurar de repente a los jóvenes adolescentes, recitaba poemas ajenos con el desgarbo de quien todavía no puede manejar su cuerpo en crecimiento. Luego, comenzó a escribir poesía, cuentos, crítica. Vendrá el tiempo —ya está llegando— en que escribirá dramas y novelas”. Y concluye el autor de Horizonte quebrado augurándole a Sergio este futuro que se volvió realidad: “Entonces le queda el horizonte abierto para siempre”.

En 1965, Sergio Ramírez publica un justo y recatado homenaje a su magnífico mentor. En la cara interior de la portada de Mis días con el Rector, está una paternal dedicatoria, manuscrita, del doctor Mariano Fiallos Gil: “A Sergio Ramírez: Afectuosamente. Sergio: Lo principal, escribir, te lo dice uno que ha perdido mucho tiempo con la imaginación en marcha, pero con acción escasa. Es aquel viejo principio que ya Rubén recomendaba: crear”. Y Sergio, de poeta a poeta, le corresponde diciendo en ese libro: “El Pájaro Azul fue el símbolo de su juventud. De su juventud son también sus cuentos, sus poesías, la guitarra, el piano, los pinceles. Todas las cosas del arte eran en sus últimos días no más que viejos recuerdos de pasados tiempos. Su vida intensa estuvo acorde con su vida de poeta”.

Todo esto y más demuestra saberlo, a la hora de fraguar este libro, Karly Gaitán Morales. Me consta que reconoce con orgullo la influencia literaria que sobre ella ejerció Sergio Ramírez. Al solicitarme este prólogo, en 2012, me comentaba que este libro es su regalo de admiración y respeto para Sergio, con motivo de estar cumpliendo, entonces, sus 70 años. Estoy seguro que este homenaje a él, de una joven escritora que se inicia, será uno de los mejores regalos a este joven escritor hoy, a punto de cumplir 77 años el 5 de agosto, en 2019. Un joven que nuca se resignó a ser simplemente un “iniciado” porque nunca dejó de aprender.  Nunca dejó de volar. El vuelo del pájaro azul ya lo ha llevado a obtener la Beca Guggenheim en Artes, América Latina y el Caribe y más recientemente, entre otros Premios, galardones y reconocimientos,  el Premio Alfaguara (1998) y ya en 2017, el apreciadísimo Premio Cervantes (que se ha considerado como el “Premio Nobel” en el mundo de la literatura en español, por ser el premio máximo que un autor en esta lengua pudiera recibir).

A Sergio me une un tiempo entrañable que incluye la adolescencia. Somos compañeros de generación, y yo, por tres meses, menor que él. Ambos a punto de cumplir 77 años. Por ello el que Karly haya escogido a Sergio como objeto de su estudio, y a mí como prologuista, me parece una afortunada casualidad. Son años que marcan el inicio de una senectud  acumuladora de juventud, y que por lo mismo es también divino tesoro: ¡Ah, senectud, divino tesoro, cuando no es decrepitud!

Este libro es una muy personal y lograda experiencia de la autora para aprender a leer literatura y que a su vez otros aprendan. Lectura compartida de la cronista, articulista y entrevistadora, con un Sergio siempre novedoso, expuesto y franco, con una obra que se revela —gracias al ameno y variado recorrido que sobre ella y su autor nos hace Karly— seductora en el tiempo, es decir, sin tiempo, culminada por realizada: la culminación que continúa, comprobando cercanías y conquistando remotidades.

No falta aquí el Sergio también organizador de festivales, editoriales y promoción cultural. Por algo el doctor Mariano Fiallos Gil lo calificaba de organizador. No olvidemos que antes mencionamos el Festival Centroamérica Cuenta, una de sus más recientes creaciones, que convoca a narradores de América y Europa, y una especial relevancia en Centroamérica. Este festival surgió como iniciativa de Sergio Ramírez en 2012. Su sede original fue Nicaragua en 2013, y ya explicamos las razones de su traslado a Costa Rica para su edición de 2019.  El lector anglosajón se abre con esta obra de estudio a un enorme panorama de lo más rico y alto de la literatura contemporánea en español, la de Sergio Ramírez, efervescente en cada publicación nueva que nos regala, tanto a su país, como a su continente y al mundo.

Karly Gaitán Morales hizo una cita con Sergio Ramírez. Una cita con la que nos beneficiamos todos, y en la que con palabras de Sergio y pluma propia nos narra sus experiencias en el mundo de este narrador que se aproxima al Premio Nobel de Literatura, con un impecable bagaje de méritos. De manera que podríamos concluir que hubo una vez una muchacha  que esperó a Sergio Ramírez en una esquina de la vida para pedirle una cita con la literatura. En este libro tiene lugar la cita entre una juventud deslumbrada y el esplendor de la plenitud.

Por: Luis Rocha Urtecho