He tardado mucho en escribir nuevamente. No os extrañe. Estamos viviendo en un torbellino de cosas y como si mis propias preocupaciones personales no fuesen suficientes me he comprometido en una campaña de sensibilización contra la insensatez que está alborotando esta tierra para poner intereses, personalismos y oportunistas ataviados de políticos y gobernante en vez de verdaderos responsables, ciudadanos preocupados por sus conciudadanos.

Al eco del sufrimiento de los ciudadanos quiero dedicar estas opiniones, sinceras y decepcionadas.

Yo no concibo, ni siento a un gobernante, a un político como un universo en si mismo, como nos los quieren mostrar.

La sociedad visible y sufriente es al gobernante lo mismo que el cuerpo a una persona. El gobernante, si algo es, ha de ser la conciencia colectiva y total de una sociedad.

La sociedad al adquirir una mayor conciencia, cada vez y al buscar reducir la idea a la realidad, muestra la incapacidad de los que se erigen como gobernantes.

Es el dolor global, el dolor de la involución, la verdadera base de la conciencia ciudadana.
Los verdaderos gobernantes son los que son dueños de sus acciones. Es el sentido común, la sensatez y la honestidad los que les debe conducir.

Decepción es lo que me domina hasta convertirse en hastío y dolor por lo no reconocimientos a aquellos que un día trabajaron por la democracia, a pesar de sus fallos.

Es correcto denunciar los abusos, pero la justicia es una balanza en la que también pesan los logros, que ahora se parecen ignorar.

Desazón por los nuevos que aspiran a no se muy bien que, y sólo son capaces de mirar por sus propios ombligos interesados vestidos de ideas y colores distintos, sólo con un malévolo afán como es el de engañar.

A nadie valoro, a nadie admiro, aunque en un pasado reciente si valore y admiré, y a todos critico en esta opinión ante una sociedad sufriente, ante un mundo dolorido.

A todos insto a pensar, razonar y sentir y animo a trabajar desde la perspectiva de ciudadanos responsables.

Por: José Luis Ortiz