El Océano Pacífico sigue siendo un espacio incomprensible para la ciencia y la mano humana. En algunas coordenadas, ni siquiera la vanguardia en la tecnología contemporánea puede abrirle camino a los seres humanos. Tal es el caso del Punto Nemo: el lugar más lejano de tierra firme e inaccesible en todo el planeta.

¿Qué es el Punto Nemo?

En 1992, Hrvoje Lukatela—un ingeniero croata-canadiense— descubrió este lugar con un programa de geolocalización. Originalmente, pensó en nombrarlo como “polo oceánico de inaccesibilidad“; sin embargo, el nombre con el que ha ganado popularidad entre la comunidad científica viene de un personaje de Julio Verne: el Capitán Nemo.

Éste es un punto inhóspito en el planeta, en el que la actividad biológica es casi nula. Al estar tan lejos de tierra firme, la trayectoria de los vientos no arrastra hasta ahí materia viva de ningún tipo.

De acuerdo con Lukatela, “La localización de tres puntos equiláteros es especialmente singular. No hay tres puntos sobre la superficie de la Tierra que podrían reemplazarlos“. Para algunos astronautas, su radio es conocido como la Zona Deshabitada del Pacífico Sur.

La densidad biológica que existe en el Punto Nemo es tan despreciable a nivel estadístico que algunos países lo han utilizado como un cementerio espacial. Esto quiere decir que los objetos que estaban pensados para salir de la atmósfera terrestre son vertidos ahí.

Satélites, pedazos de la estación espacial Mir que se precipitó a la Tierra de forma controlada en 2011 y otros artículos diseñados para ser utilizados más allá de la Tierra van a parar ahí cuando ya no sirven, o son desechados por la ciencia. Tal como en los naufragios, los restos son colonizados por los poquísimos organismos que persisten en este punto poco apto para la vida.

El Punto Nemo se ha utilizado como basurero de desechos porque, en realidad, no representan una amenaza para el ecosistema. Como la vida marina habita en espacios más cercanos a las masas continentales, ha resultado como un espacio ideal para lanzar todo aquello que fue desmantelado —y tiene que ser olvidado, como si se tratara de un almacén subacuático.