Cada vez es más notaria la sinrazón por la forma como se otorgan avales a candidatos, y todo, amparado bajo los preceptos de la Ley 130 de 1994, o Ley de Partidos con la que se decidió cambiar el método anterior, imperfecto pero democrático
Hoy, los avales, además de discordantes son en la práctica una fuente generadora de poder político y de ingresos económicos para los Partidos y Movimientos Políticos.

En Colombia, el ejercicio político ha sido de extremos. Antes, fue el pasional bipartidismo Liberal-Conservador, de cuyos ideales poco queda; ahora, es de absurdos.
Hoy es poco lo que queda del pensamiento Conservador de Bolívar y de los fundamentos doctrinarios esbozados por el fundador de este Partido, José Eusebio Caro; como también es poco lo que queda de las ideas liberales Santanderistas, compiladas por el fundador de este Partido, Ezequiel Rojas. Actualmente da lo mismo ser Liberal que Conservador; o ser avalado por uno u otro Partido o Movimiento Político sin ser militante de él, ni conocer sus ideales y principios, ni identificarse con ellos. Eso ya no importa.

Se dice que la Ley de Partidos le ha permitido a un agitador político acostarse siendo de un Partido Político y amanecer siendo de otro diametralmente opuesto en ideas.

Hace pocos días el ex presidente Cesar Gaviria, director del Partido Liberal Colombiano, sin “importarle un comino” pisoteó los principios de esta organización política entregándole aval a Sara Castellanos, una reconocida militante de una corriente religiosa absolutamente opuesta a los principios del Liberalismo. Para Gaviria, solo cuentan los votos, no las ideas. Es parte de la Feria de Avales.

Pero no sólo la insensatez, como la de Gaviria, se da en medio de la Feria de Avales, también a este despropósito se añade la agonía y desesperación que se apodera tanto del candidato, como del Partido o Movimiento Político que no desconoce que la cotización política o económica de un aval llega hasta el día del cierre de las inscripciones; porque pasada esta fecha habrán caído en la más grande devaluación.

De las particularidades a las que ya estamos acostumbrados hemos vuelto a ver en esta ocasión a Partidos cristianos avalando a candidatos “mundanos”, que es muy probable que ni siquiera se sepan el Padre Nuestro, la Oración insignia del cristianismo.

Otro singular hecho del ámbito de la Feria de Avales, y ya no tan reciente, fue cuando a la finada, María del Socorro Bustamante, que de afrocolombiana nada tenía, le tocó defender como “gato boca arriba” la curul que se ganó a la Cámara de Representante con aval del movimiento político de negritudes, AICO.

A Campo Elías Terán, de clásico fenotipo afrocolombiano, lo avaló el Partido ASI, el cual se tornó de Alianza Social Indígena a Alianza Social Independiente, pero es el mismo, no habiendo sido Campo, ni indígena, ni mucho menos Independiente.

Pero para estas elecciones de octubre, muchos se preguntan ¿cómo puede entenderse que el Polo Democrático, partido de izquierda, unido a otro como el MAIS, de origen indígena, avalen a un candidato del Club Cartagena, como Nabil Báladi?; o que la Colombia Humana de Petro, avale a la aristócrata Adelina Covo, como dijo Alfonso Hamburger? O que AICO, movimiento de negritudes, avale a Germán Viana?

Finalmente, en virtud del pasado judicial de algunos aspirantes a la alcaldía de Cartagena y a la gobernación de Bolívar, involucrados en robo de tierras y robos al erario, lo más conducente es que el aval se lo pidan al INPEC y no a un Partido Político; o también lo soliciten a las zonas de comidas de centros comerciales, en las que optaron por instalar sus Comandos políticos.

La Feria llega hasta este sábado, mientras tanto parece que oyéramos: ¡Avales…Avales!… ¿A cómo? ¿A cómo?

Por: Álvaro Morales
alvaro morales 2018