Cenicienta

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Es sabido que amo Disney, lo que no se si saben es que, desde pequeñita, mi princesa preferida era Cenicienta.

Os preguntaréis como alguien que ama a las princesas Disney puede ser feminista, pero eso solo se lo preguntan los estrechos de mente.

El mundo ha evolucionado, ya no esperamos que los príncipes con mallas marcadas y espada brillante venga a rescatarnos, no deseamos ser floreros que adornen un castillo real, pero si Cenicienta y las demás princesas Disney no han impedido que sea feminista ¿Por qué intentáis sacar a las princesas de la vida de los más pequeños? A muchas os falta pegarles un tiro a los príncipes y enterrar a Disney en el foso más profundo para que no salga nunca más. Pero… ¿habéis pensado que junto a Disney estáis enterrando los sueños de millones de niños? No les enseñéis tan pequeños la mierda de mundo en el que vivimos, dejadlos soñar y creer en los finales felices, dejad que crean que todo es posible.

Lo cierto es que no tenía mucho interés en ver la nueva película de Cenicienta protagonizada por Camila Cabello, ya que todas las anteriores versiones de Cenicienta eran variantes desagradables, algunas se alejaban demasiado del cuento original, y otras se querían acercar demasiado a la realidad y le quitaban, por lo tanto, cualquier encanto de cuento de hadas. Pero ahí estaba yo, dispuesta a ver otra versión de Cenicienta en Amazon Prime, únicamente para pasar rato con mi hija a la que también le encanta Disney.

Cuando la película comenzó, fruncí el entrecejo al ver que Cenicienta era morena, ¡morena! No me gustó nada, mi Cenicienta era rubia, siempre era rubia, y en realidad creo que yo soy rubia en honor a Cenicienta, así que ese absurdo detalle me fastidió un poco, pero no dije nada, los protagonistas empezaron a cantar y bailar y mi hija me explicó que se trataba de un musical. La idea de que fuera un musical me gustó, pero el principio seguía sin llamar mi atención, es más, decidí escribir un artículo sobre la enseñanza mientras veía la película.

Pero poco a poco mis dedos iban dejando de escribir para prestar más atención a la película, esta versión era distinta a todas las que había visto. Cenicienta era ocurrente, no soñaba con casarse con el príncipe, sino con ser una diseñadora de éxito y poder vender sus vestidos, la madrastra no era tan mala, y el príncipe tenía una hermana inteligente que luchaba por el medio ambiente y tenía ideas ingeniosas para hacer del reino un lugar mejor, lástima que el príncipe fuera quien debía reinar.

Por cierto, nada de esto es spoiler, ya que sale nada más empezar la película, así que tranquilos, que no os voy a contar el final.

A pesar de no poder considerarla una gran película como, por ejemplo, la de Cruella, de todas las versiones que han hecho es mi preferida, es más, si tuvieran que cambiar la original, no lo dudaría, la cambiaría por esta.

Hay una frase que me encantó de Cenicienta “Si tengo que elegir, me elijo a mí”.

Con esa sencilla frase se hace más por el feminismo que miles de mujeres paseando medio desnudas por las calles, pero no creáis que la película solo aborda el tema del feminismo, ya que el personaje que más me gustó fue el del hada madrina. Cuando mi hija y yo vimos la aparición del hada madrina, nos faltó gritar y pedirle un autógrafo. Ahí estaba, Billy Porter, un artista estadounidense, cantante y actor de teatro de Broadway, con el vestido más espectacular que podáis imaginar, no, no os imaginéis un vestido cursi, este vestido me lo habría puesto yo para recoger un Oscar, bueno, mejor no os desvelo nada más para que la veáis y alucinéis como lo hicimos nosotras.

Si tenéis posibilidad de verla, apremiad, es entretenida, divertida y actual, todo ello sin perder esa magia que Disney siempre ha querido mantener.

Y por favor, no condenéis a Disney, era otra época, lo que debéis hacer es actualizar las versiones antiguas y convertirlas en joyas como ha ocurrido con esta película, claro que, no por eso voy a renunciar a mi hermosa y rubia cenicienta ni a ese príncipe con mallas ajustadas subido a su hermoso corcel, llamadme cursi, pero cada cual que le ponga el color que quiera a sus sueños, y los míos son rosas.

Por María Beatriz Muñoz Ruiz