Sin el más mínimo ánimo de polemizar  o  irrespetar a quienes profesan la fe de la iglesia católica, bueno es hacer  claridades acerca del contexto y el supuesto origen de quien se dice es el sucesor del apóstol Pedro, al que se le conoce como Papa, Pontífice o Vicario de Cristo en la tierra.

El sólo hecho que al jerarca del catolicismo se le llame Pontífice, que traducido significa “constructor de puentes”, queriendo decir que es el puente entre Dios y los hombres, constituye una de las transgresiones a los principios del cristianismo puro, y a lo que Cristo, su autor, dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”.; y ratifica el Apóstol Pablo :  “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo…”

Nunca dijo Jesús que era él uno de los caminos, no. Dijo: Yo soy el Camino; por lo tanto no hay otro camino para ir al Padre sino a través de Jesús, el Hijo de Dios.

Por otro lado, el vocablo Papa que significa Gran Padre deriva del nombre del consorte de la Gran Madre, o Gíbeles, la diosa pagana de mayor jerarquía en la Roma de la antigüedad.

Igualmente nada es tan inexacto como decir que sobre el apóstol Pedro se fundó la Iglesia de Cristo, y que en consecuencia, son los Papas sus sucesores.

Por otro lado, el gran error doctrinal sobre la fundación de la Iglesia ha residido  en la distorsionada interpretación de las palabras que en aquella conversación registrada en los evangelios Jesús dirigiéndose a Pedro, le dijo “…tu eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi iglesia…”.

Era obvio que lo que Jesús le enfatizó y le dejó muy claro a Pedro es que era sobre El, sobre Jesús, la Roca, la Piedra Angular, y no sobre Pedro sobre quien se establecería la Iglesia.

En consecuencia, el interpretar que sobre una persona como Pedro, tan imperfecto como todos nosotros, se fundamentaría la Iglesia de Cristo en la tierra, no solo es un error gramatical sino un gravísimo error teológico; por lo cual el apóstol Pablo aclara en su carta a los Efesios diciendo: “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo…”

Ahora, si es Roma la sede la Iglesia y no Jerusalem, la región donde se inició y se predicó el evangelio por parte de Jesús, es precisamente porque la presión ejercida sobre el emperador Constantino por las masivas y multitudinarias conversiones al cristianismo lo llevaron a que no tuviera más camino que optar por declarar a esta naciente doctrina como la religión oficial del imperio, y a Roma como su asiento.

Que quede entonces claro, que sólo Jesús, el Cristo, es la Cabeza y Piedra Angular de la Iglesia.

“El que tenga oídos, que oiga”.


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