La pregunta que muchos se hacen, pero de la que poco se habla, y es que al hablar de adicción estamos hablando de una enfermedad altamente estigmatizada socialmente, por aquella creencia popular de que el adicto es el habitante de la calle y si bien la mayoría de los habitantes de la calle cursan con adicciones (no necesariamente porque la adicción los llevó a la calle, sino porque quizá los ayuda a soportarla), no todos los adictos son habitantes de la calle.

Esta misma situación de señalamiento y estigma podría estar llevando actualmente a un subregistro en las cifras oficiales de personas con adicción, ya que dado el caso que la persona reconozca que está presentando problemas relacionados al consumo, esta intentará consciente e inconscientemente de disimularlos u ocultarlos con la finalidad de no ser criticada o rechazada.

Y esto hablando de quienes notan que ya existe una dificultad o problemática con los consumos, porque hay otro grupo importante de personas que no tienen la mínima idea de estar desarrollando una adicción y catalogan sus consumos o conductas adictivas con distracciones o actividades recreativas realizadas para cambiar sus estados de ánimo negativos o tristes por otros alegres o positivos, para relajarse, pasarla bien, compartir, etc., y si bien el consumo de algunas sustancias o patrones de conducta adictiva producen cambios temporales a nivel cerebral que permiten que la persona experimente placer y se sienta más animada, alegre, enérgica y con mayor disposición para el disfrute, estas también producen efectos negativos a largo plazo como alteraciones neurodegenerativas, perdidas neuronales, daño axonal generalizado, modificación de los circuitos cerebrales de percepción del placer (los cuales van perdiendo la capacidad de activarse si no está presente la droga o conducta), entre otras.
Pero previo al desarrollo de la adicción la persona empieza a tener determinados patrones de consumo, que de no prestárseles la debida atención podrían terminar en patrones adictivos.

Entre ellos tenemos:

  1. Consumo experimental: el consumo único que se da solo por la curiosidad y experiencia.
  2. Consumo social, que se realiza en compañía de familiares o amigos, en eventos sociales y que no llega a generar problemas.
  3. Consumo circunstancial, es el realizado de forma esporádica con la finalidad de obtener un efecto especifico y único.
  4. Consumo controlado o moderado, no llega a ser compulsivo, no se llega a la intoxicación, ni afecta la función cotidiana
  5. Consumo abusivo, excede al consumo social y moderado, supera el volumen diario determinado (3 bebidas/día) o (5 bebidas por ocasión al menos en una semana) que no afectan la función cotidiana y que podría escalar a patrones de dependencia.
  6. Consumos excesivos, de riesgo, perjudicial y problemático, ya se refieren a patrones de consumo lo suficientemente grandes como provocar problemas individuales, familiares y sociales y para afectar la salud, tanto desde el punto de vista físico como mental. Se empieza a afectar la funcionalidad cotidiana.

En este último grupo ya se deben evaluar la presencia de patrones de dependencia descritos en el DSM-5 a fin de confirmar o descartar un cuadro de adicción o dependencia, entre los que se encuentran:

A. Consumo problemático de determinada sustancia que provoca deterioro y malestar clínicamente significativo y que se manifiesta al menos por 2 hechos de los siguientes en un plazo de 12 meses:

  1. Consumos frecuentes en cantidades mayores a las previstas y en un tiempo mayor al previsto
  2. Deseos persistentes o esfuerzos fracasados de controlar o abandonar los consumos
  3. Se invierte mucho tiempo para conseguir la sustancia, para consumirla o recuperarse de sus efectos.
  4. Ansiedad, deseo intenso o necesidad imperiosa de consumir la sustancia
  5. Consumos recurrentes que llevan a la persona al incumplimiento de sus deberes cotidianos.
  6. Persistencia en los consumos a pesar de los problemas sociales e interpersonales que ocasionan los consumos
  7. Los consumos provocan abandono o reducción de actividades placenteras y de ocio
  8. Consumos recurrentes en situaciones que provocan riesgo
  9. Persistencia en el consumo a pesar de saber que se sufre un problema físico o psicológico que es causado por la sustancia

B. Tolerancia, como la necesidad de consumir mayor cantidad para sentir el mismo efecto que se sentía inicialmente con dosis menores

C. Abstinencia, que es la presencia de signos síntomas que generan malestar significativo y que aparecen con las disminuciones o ceses de los consumos de la sustancia.

En algunos casos, a pesar de confirmarse la presencia de dichos patrones de consumo o criterios de dependencia, la persona no logra reconocerlos y mucho menos aceptarlos y esto se debe a un proceso psicológico o mecanismo de defensa conocido como Negación el cual es inconsciente y le permite a la persona protegerse de la realidad que no quiere ni puede ver, que es cursar con una enfermedad mental.

Este mecanismo es el componente central de cualquier adicción y su desarrollo, es el punto clave de la enfermedad impidiendo que la persona se dé cuenta de los riesgos y peligros generados por su consumo o conducta adictiva. La negación a su vez cuenta con muchos disfraces entre los que se encuentran: culpar a otros por consumir, minimizar los consumos, justificar los mismos con razones aparentemente valederas o mostrarse poco tolerante y hostil impidiendo así que cualquier persona emita su opinión.

La negación es automática, el individuo no decide mentir, minimizar, culpabilizar o racionalizar de forma intencionada, simplemente lo hace y ya, y en caso de no recibir atención a tiempo esta puede progresar al punto de arraigarse en su víctima impidiéndole ver por ejemplo que está muriendo de cirrosis por el consumo de alcohol.

Como pueden ver, la negación es el proceso que le impide a la persona tener la capacidad y la conciencia para reconocer que hay un problema y que es momento de pedir ayuda, manteniéndola engañada y envuelta en la fantasía del “no pasa nada, esto nos distrae, nos divertimos, lo controlamos y ya, no es grave, no somos adictos”, hasta llegar al punto en el cual los criterios descritos son tan evidentes en el paciente que llegan a comprometer su funcionamiento global, además de poner en riesgo su salud física y mental, dejando de ser una simple distracción para convertirse en una adicción que requiere evaluación y ayuda profesional.

Por: Katherine Duarte H.
Médico Psiquiatra 
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