Ya ha empezado el 2022 y nos estrenamos con una nueva variante del virus, no, no me refiero a Ómicron, que esa ya está pasada de moda, me refiero a una variante que acaban de descubrir que es una fiesta entre la gripe y el covid. ¡Yujuuuu! ¡Empezamos de estreno! Y aún hay gente que no se quiere poner la vacuna, yo no lo entiendo, pero tampoco entiendo a los que huyen de esa gente, ¡si los que deberían huir son ellos! A ver, pensemos coherentemente, los que tenemos las vacunas, no somos inmunes al virus, simplemente, es más difícil morir, ya que solemos pasar como una especie de resfriado del carajo. Los que deberían tener miedo de contagiarse son los que no se han puesto ninguna vacuna, ellos sí que juegan al juego del calamar cada vez que salen a la calle.

Yo no sé si me han metido algún chip, pero nada más empezar el año hemos tenido mi familia y yo una conversación científica muy interesante: hoy hemos almorzado una deliciosa sopa de marisco; no sé vosotros pero nosotros nos echamos cuscurrones, es decir, panecitos churruscados, yo me echo pocos porque me gusta comérmelos crujientes, pero los demás se han echado bastantes, y en ese momento es cuando he comprendido los beneficios de llevar el chip inyectado; mi tía ha dicho que si los cuscurrones se han chupado la sopa es porque estaba caliente, mi padre ha dicho que dejándolos en una esquina del plato se evitaba que se chupara la sopa, mi marido ha dicho que los panecitos se habían chupado la sopa porque se habían hecho en la freidora de aire, ya que si se hacen en la sartén, el aceite que los impregna no deja que chupen tanta sopa, en esas que más bien su plato parecía pan con sopa en vez de sopa con pan, solo se veía el pan rodeado de marisco, así que se le ha ocurrido echarle cerveza, entonces se le ha enfriado y ha tenido que echarse más sopa, a eso que mi tía vuelve a intervenir y dice que a ella le salen mejor los cuscurrones porque los hace más pequeños y así no chupan tanto.

Después de que todos tuvieran los platos invadidos de pan, han tenido que repetir, pero no sin antes comentar que los cuscurrones están muy buenos con azúcar y para merendar.

Y todo eso ha salido de un almuerzo, si nos llegan a dar un laboratorio descubrimos la vacuna que termine con cualquier variante del coronavirus.

Pero lo mejor ha sido cuando esta tarde nos hemos ido mi hija y yo a la cafetería a tomar café y nos dice mi abuela que la situación está muy mal y que no se nos ocurra tomar el café en vaso, menos mal que en ese momento debía estar el chip desconectado porque no se nos ha ocurrido pedir una pajita para no tocar el vaso, más que nada, porque en el chip parece ser que también va algo de ecologismo, y hemos pensado que no podíamos contaminar el planeta con pajitas de plástico.

Así que… los que estéis dudando aún en poneros la vacuna, no dudéis más, aparte de volveros más científicos, mi sentido de la orientación ha mejorado un cinco por ciento y he comprendido el sentido de la vida; bueno, esto último lo he puesto porque quedaba bien, lo que he comprendido es que se debe seguir viviendo, con precaución, siguiendo las normas, pero sin miedo.

He empezado el año positiva, así que, aquí estoy, esperando que Bill Gates se confunda de cuenta e ingrese por error en mi microchip unos cuantos millones.

Por María Beatriz Muñoz Ruiz