Cuando en Colombia se habla del país político, creo, como muchos, que mejor sería referirse al país politiquero, ya que este calificativo es el que mejor le queda a esas personas que distorsionan el verdadero sentido de la política, el cual no es otro que el de servir, o el de intervenir o regir de manera decente los asuntos públicos, y no el de hacer la política a base de intrigas, bajezas, marrullería o de engaños, condición esta última de la que más impera en el comportamiento de la mayoría de nuestros politiqueros.

Es pues el engaño, el mayor de los defectos que se enseñorea en nuestros politiqueros y el cual se hace evidente a través de falsas promesas, o de propuestas populistas, incoherentes, inalcanzables y hasta engañadoras; y las que sólo buscan alimentar de esperanzas al necesitado, ese que cada vez que hay elecciones acude a las urnas, no optimista, sino lleno de ilusiones.

El imperio del engaño por parte de quienes manejan o intervienen en los asuntos públicos es un estilo que pareciera ir “in crescendo” en todas las jurisdicciones, circunscripciones y escenarios de la degradada vida política de nuestro país, Colombia; y muchos son los hechos confirmatorios.

El presidente Duque dijo en campaña que no habría lugar para el fracking en la exploración y búsqueda de petróleo; ni usaría el glifosato para la erradicar los cultivos ilícitos, ni se revivirían los “falsos positivos” y que apoyaría la lucha anticorrupción; pero todo lo ha incumplido, y además, ha hecho todo lo contrario.

Antes, Santos dijo que bajaría del doce al cuatro por ciento el pago de los aportes en salud para los pensionados, y hasta llegó al cinismo de decir que grabaría en piedra de mármol esta promesa para que no se borrara; pero nada se cumplió.

Uribe no habiendo podido maltratar más a la clase trabajadora del país porque quizás no tuvo más tiempo para hacerlo en su gobierno; ahora que se aproximan las elecciones de octubre, de manera populista y perversa, quiere mostrarse como alguien al que le preocupan los pobres del país presentando un irreal proyecto de ley dizque para que se apruebe una prima especial para la canasta familiar

En nuestra tierrita; Campo dijo que habría campo para todos, pero que va, el campo lo hubo fue para sus familiares y para los que financiaron la campaña que lo llevó a la alcaldía; lo que se repitió con su colega de radio Manolo Duque, quien dijo que Primero era la Gente, pero tampoco fue la gente; primero fue su primo-hermano, sus financiadores y sus compinches del Concejo.

Dionisio nos dijo que “Ahora sí…”, y para el pueblo lo que único que sí ocurrió fue la construcción de las tres torres de su Instituto Tecnológico y la entrega de su gobierno a los Char de Barranquilla.

Gossaín, nos ilusionó con que Bolívar sería ganador pero todo indica, por las investigaciones de la Contraloría, Procuraduría y Fiscalía que el único ganador fue él con los chorros de dineros captados a través de lo que se conoce como el “Cartel de la Hemofilia”.

Finalmente, entre los presidentes de Cámara y Senado, y la Ministra del Interior envolataron la aprobación de la Ley que eliminaba la casa por cárcel para los corruptos, la misma ´de la que Lidio celebró su hundimiento y que ahora dice que el mismo día de su posesión como presidente del Congreso volverá a radicarla.

También se nos dice que Bolivar Avanza, pero para muchos, avanza como la procesión de Tolú.

Señores politiqueros, sean serios ¿cuánto tiempo más seguirán bajo el imperio del engaño?

Por: Álvaro Morales
alvaro morales 2018